Así me habló Zaratustra

1.

Así me habló Zaratustra. Eres aquel que busca nuevas montañas y abismos profundos, un mar inmenso para corrientes pequeñas, el viento fuerte y el aire puro, la sobreabundante miel y todo aquello que no ha sido probado todavía; el que no pregunta por caminos sino que los pone a prueba, que se pierde, que vive peligrosamente, que quiere regalar, pero no encuentra quien sea capaz de tomar; y debido a todo esto habitas en islas afortunadas, desconocidas para la mayoría. La felicidad te persigue Zaratustra, ¿por qué entonces vienes por mí? ¿A dónde quieres llegar? Tienes un ascenso — y descenso — pendiente y quieres que yo lo cuente. Estoy seguro de eso. Pero me resisto y te diré por qué: sospecho que es tu último ascenso; y eso no puede más que entristecerme. Sí, lo sé, conozco tu enseñanza, no eres aquel que se queda con sus discípulos, al contrario, animas a que vivan en soledad pues sólo así aprenderán a amarse a sí mismos y evitarán correr hacia el prójimo. Siempre vuelves a tu patria, la soledad, y sin embargo me buscas, me atrevo a decir que me necesitas. Será que ahora eres el sol que alumbra a todos los seres y que serías desdichado si no hubiese quién recibiera tus rayos cada mañana. ¿Qué tienes para decirme todavía? No quieres morir aún, no sin poder creer y tener la esperanza — nuevamente — de que tus hijos aún pueden llegar, aunque sean pocos, aunque sea sólo uno. No estás listo para morir pues aún no has consumado tu meta y no existen tus herederos todavía. Tu enseñanza está inacabada Zaratustra y me pides que la termine. ¿Quieres un final épico? ¿Quieres un relato de hazañas y hechos heroicos? ¿Quieres que te recordemos por tus grandes padecimientos y dificultades? — Zaratustra quiere salir, no me deja en paz desde hace meses. Pero existe una resistencia aún más fuerte, más fuerte que la tristeza de que esta tal vez sea su última aventura, y tiene relación con algo muy «simple»: la escritura. Escribir es jugar y para jugar se requiere de mucha inocencia y olvido, por eso el niño es el escritor por excelencia —. Lo sabes bien Zaratustra, pues predicaste sobre el nuevo escritor de valores, el nuevo inicio y la rueda que gira por sí misma. Para escribir se necesita ser niño y bien sabes que no es una tarea para todos. ¿Cómo me pides que escriba? ¿Qué dices, que existe una trampa? — El truco consiste en saber volcarse para que la belleza se derrame —. Claro, escribir con sangre tu último ascenso. Pero ¿estamos, tú y yo juntos, a la altura de esta exigencia?

Zaratustra y su animal más orgulloso, el águila.
Zaratustra y su animal más orgulloso.

La ilustración es de Mariana Bendersky. La tomamos de su perfil en Twitter mariandesalta.

Para una presentación de estos fragmentos, ver nuestra entrada Pre-textos a Zaratustra o dar click aquí.

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