Valor significante de la letra y la imagen

Continuamos con el tema de la letra, esta vez en el segundo apartado La letra en el inconsciente. En nuestra entrada anterior, La letra y las dos vertientes del efecto significante, se empezó a-bordarla, para dejarnos “igual” con nuestra pregunta: ¿qué es la letra? Las mismas advertencias allá sobre estos párrafos, tienen un lugar pertinente aquí.

Si ya teníamos dificultades solamente con la letra, aquí parecen acrecentarse de inicio, pues se articulará a algo más: le letra del discurso, que dice Jacques Lacan, es de lo que se trata en todas las páginas de La interpretación de los sueños. Este texto en el que Sigmund Freud plantea el sueño como paradigma del funcionamiento del aparato psíquico y vía regia para el inconsciente. El psicoanalista francés lo pone de la siguiente manera: “ese trabajo abre su camino real hacia el inconsciente”. Si tal es la importancia y relevancia del texto, suponemos que de igual manera es la cuestión de la letra en él.

“El sueño es un rébus, y hay que entenderlo al pie de la letra”. “Las imágenes del sueño no han de retenerse si no es por su valor de significante”. “Esta estructura de lenguaje [recordemos que, al inicio del apartado anterior, Jacques Lacan ponía énfasis en que el descubrimiento de la experiencia analítica no era sólo la palabra, sino esta estructura] que hace posible la operación de la lectura está en el principio de la significación del sueño, de la Traumdeutung”. Citamos esto ya que a partir de releerlas y preguntarnos qué intentan decir, se nos ocurre lo siguiente: será que, en este momento de la enseñanza, la letra sea algo que se lee, pues se habla de una operación de lectura, y que el significante, del que se dice tiene un valor, esté más cerca de la fonemática, del habla. Es decir, la letra como algo íntimamente relacionado con la escritura y el significante con lo que se dice, o con lo que se escucha. Puede ser, la siguiente oración lo permite: “estamos en la escritura donde incluso el pretendido ‘ideograma’ es una letra”. Pareciera entonces que la letra es un tiempo “anterior” al significante. O, que la letra tiene un valor significante. Ambas posturas no son excluyentes: la letra puede ser un tiempo anterior y a la vez tener valor de significante. ¡Atención! “Freud ejemplifica de todas las maneras posibles que ese valor de significante de la imagen no tiene nada que ver con su significación”. Si una imagen puede tener ese valor significante, entonces también podrá tenerlo una letra.

Los sueños de la razón de Freud*

Leyendo y releyendo, ahora encontramos diferente algunas frases que ayudan a responder nuestra inquietud. Veamos qué dice sobre la letra, inmediatamente después del párrafo de donde escribimos lo anterior: “Pero no se necesita la confusión corriente sobre ese término [la letra] para que en el espíritu del psicoanalista que no tiene ninguna formación lingüística [aunque tampoco lo justifica de no hacerse de una] prevalezca el prejuicio [el destacado es nuestro] de un simbolismo que se deriva de la analogía natural”. Veamos. La cuestión del símbolo lingüístico fue apropiada – a su manera – por Jacques Lacan en el apartado anterior, señalando las dos vertientes del significante como productoras de significación [“la incidencia del significante sobre el significado”]. Señalando además como mera ilusión la correspondencia entre significante y significado. De ahí que no debe prevalecer en el psicoanalista, aún sin formación lingüística, el prejuicio de un simbolismo. Entonces, la confusión corriente respecto a la letra es ese prejuicio, que la letra es símbolo, a diferencia de tomarla en su valor significante.

Continuamos este recorrido que va dejándonos sus frutos. Ese deslizamiento del significado bajo el significante que se mencionó en el apartado anterior es la designación que Jacques Lacan dará a la transposición (Entstellung) en que Sigmund Freud muestra “la precondición general de la función del sueño”, donde “las dos vertientes de la incidencia del significante sobre el significado vuelven a encontrarse”. Estas dos vertientes, metáfora y metonimia, serán las designaciones que dará para los dos mecanismos del trabajo del sueño (Traumarbeit), la condensación y el desplazamiento, respectivamente.

En un intento por obtener algunas definiciones, citemos lo siguiente:

“La Verdichtung, condensación, es la estructura de sobreimposición de los significantes donde toma su campo la metáfora, y cuyo nombre, por condensar en sí mismo la Dichtung, indica la connaturalidad del mecanismo a la poesía, hasta el punto de que envuelve la función propiamente tradicional de ésta”.

“La Verschiebung o desplazamiento es, más cerca del término alemán, ese viraje de la significación que la metonimia demuestra y que, desde su aparición en Freud, se presenta como el medio del inconsciente más apropiado para burlar la censura”.

Escribamos una especie de síntesis hasta aquí: en esta búsqueda por la letra, nos hemos encontrado principalmente con la primacía del significante y ahora también, se añade el tema de la escritura. Y es que una sentencia más parece seguir indicándonos, y llevándonos, en ese sentido: “El sueño es asunto de escritura”. Si es asunto de escritura, será también de lectura [de una operación de lectura], pero no desde el prejuicio de un simbolismo, sino desde una lectura que tome a la letra en su valor de significante, leerla a la letra. De aquí que, si “el trabajo del sueño sigue las leyes del significante”, entonces es desde el valor de este, que deberá leérselo. Si el trabajo del sueño sigue las leyes del significante y “en el análisis del sueño, Freud no pretende darnos otra cosa que las leyes del inconsciente en su extensión más general”, entonces, las leyes del significante son las leyes del inconsciente.

Otra de las nociones que imperan en este apartado es la de sujeto, que nunca habíamos pensado en relación con la letra. Sobre el sujeto, encontraremos “fórmulas” ya conocidas. Por ejemplo: el sujeto no puede situarse debido al juego significante de la metáfora y la metonimia, “allí donde no soy porque no puedo situarme”. “No se trata de saber si hablo de mí mismo de manera conforme con lo que soy, sino cuando hablo de mí, soy el mismo que aquel del que hablo”. Y una de las más conocidas y citadas: “pienso donde no soy, luego soy donde no pienso”.

También abordará la cuestión del síntoma en el sentido analítico, determinado por “el mecanismo de doble gatillo de la metáfora”. La cuestión del deseo y el goce y su relación con la metonimia. La fijación “perversa” del deseo “en el mismo punto de suspensión de la cadena significante donde el recuerdo encubridor se inmoviliza”. Mencionará “un deseo muerto” [¿qué carambas es eso?]. Planteará la pregunta de la neurosis, entre otras cosas. Todo ello para insistir en que el inconsciente, “lo único elemental que conoce son los elementos del significante”. Y sólo esta referencia indirecta a la letra es lo que encontramos en el resto de esta segunda parte. Ya veremos qué sucede al revisar el tercer apartado. Unas preguntas para finalizar por ahora: si la letra se lee, es que está escrita, entonces: ¿“Quién” la escribió? ¿Cómo y cuándo se hizo? y ¿Qué es escribir en este sentido? ¿De qué tipo de escritura se trata en este caso?

Bibliografía:

Lacan, Jacques, La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud, en Escritos 1, trad. de Tomás Segovia, 3ª ed. rev. y corr. México: Siglo XXI, 2009

*Libros del zorro rojo edita ‘Freud’, donde el ilustrador Ralph Steadman interpreta los momentos más célebres de la vida del psicoanalista. Fuente: Los sueños de la razón de Freud

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