Los conceptos científicos

Resumen: Compartimos los siguientes apuntes para quienes se pregunten por la definición, importancia y clasificación de los conceptos científicos (clasificatorios, comparativos, métricos; cualitativos y cuantitativos). Estos apuntes fueron tomados del Capítulo 4: Los conceptos científicos del libro Fundamentos de Filosofía de la ciencia.[1]

Importancia de los conceptos científicos

– Sin los conceptos, sin un sistema conceptual, nuestra experiencia sería “ciega”, no podríamos comprenderla.

– Así, entre más articulado y complejo sea el sistema de conceptos que manejemos, más articulado y eficaz será el conocimiento que tengamos de la realidad.

– Existen tres tipos principales de conceptos en el conocimiento científico: 1) Clasificatorios (cualitativos), 2) Comparativos (cualitativos), y 3) Métricos (propios de las teorías cuantitativas).

– Los conceptos métricos son los más fuertes, después vienen los comparativos y por último los clasificatorios.

Caricaturas de algunos científicos famosos.
Algunos científicos famosos. www.lifeder.com

– Desde Platón, es un problema: “Es una cuestión íntimamente ligada al llamado problema de los universales, y sobre la que ha habido, y continúa habiendo, un sinfín de controversias”.

– “En filosofía de la ciencia no interesa tanto la temática de los conceptos en general, cuanto el carácter específico de los conceptos científicos y sus diferentes formas”.

– Las únicas posiciones filosóficas que rechazamos explícitamente son a) un nominalismo extremo según el cual sencillamente no existen los conceptos o éstos no son sino expresiones verbales de los seres humanos, y b) la idea de que hay conocimiento «no conceptual»; esta última posición, incluso si fuese defendible de algún tipo de conocimiento, es claramente inadmisible en relación con el conocimiento científico.

Principales supuestos

Primer supuesto

– Los conceptos permiten conocer el mundo real y orientarse en él; no son objetos empíricos, es decir, no son entidades localizadas espaciotemporalmente como lo son los objetos físicos, ni tampoco acotadas temporalmente como lo son las entidades del mundo psíquico.

– En este sentido, podemos decir que los conceptos son entidades abstractas.

Segundo supuesto

– Asumamos de momento que el “mundo real” es todo aquello que se opone al sujeto epistémico.

– Sean cuales sean los objetos reales, si logramos conocerlos y reconocerlos es gracias, entre otras cosas, a los conceptos de que disponemos.

– Los conceptos nos permiten identificar, diferenciar, comparar, etc., los objetos de los que consta el mundo real.

– Ello ocurre fundamentalmente a través de una operación intelectual que llamamos subsunción. Por ella, diversos objetos quedan subsumidos bajo un mismo concepto; un concepto subsume uno o varios objetos (en general muchos). [Subsumir: Incluir algo en un conjunto más amplio]

– Otro modo equivalente de decir que un concepto subsume un objeto es decir que el objeto cae bajo el concepto, o que el concepto se aplica al objeto.

– “Todo objeto cae bajo algún concepto.”

– “Incluso si admitimos la posibilidad de objetos por principio inaccesibles al sujeto epistémico y que por tanto no caen bajo ningún concepto usual, ellos serán subsumibles bajo el concepto objeto inaccesible al conocimiento humano.

– Existen también los “conceptos vacíos” en los cuales es dudoso o probablemente falso que caiga un objeto: por ejemplo habitante del sol, que, aunque tenga perfectamente sentido, no subsume ningún objeto. Estos conjuntos vacíos pueden ser usados en la literatura o en las artes, pero no en la filosofía, salvo para ejemplificarlos.

– Los conceptos científicos son pretendidamente no vacíos, al menos hasta que se demuestre lo contrario.

– Lo anterior puede representarse a través de dos “mundos”: el mundo de los conceptos o sistema conceptual y el mundo de real o de los objetos subsumidos por los conceptos no vacíos.

Tercer supuesto

– “Los conceptos son, en cierto modo, entidades abstractas, no localizables espaciotemporalmente y por tanto no identificables con objetos físicos.” (primer supuesto)

– Los conceptos no deben identificarse con palabras o en general expresiones de un lenguaje dado, las cuales son, a fin de cuentas, entidades físicas.

– No identificar la tarea del análisis conceptual con la de un análisis puramente lingüístico (como han querido algunos filósofos).

– Pero hay una íntima conexión entre un sistema de conceptos y un sistema lingüístico, entre conceptos y palabras. Es una relación semánticamente muy importante: la expresión. Las palabras, o en general los términos de un lenguaje, expresan conceptos.

– No tenemos un acceso sensorial directo a los conceptos, pero sí a las palabras, es por ello por lo que el análisis lingüístico a fin de cuentas sí puede resultar relevante para el análisis conceptual, en el sentido de que nos puede dar indicaciones acerca de la estructura conceptual subyacente al lenguaje.

– Las palabras nos remiten a los conceptos, nos permiten apresarlos y comunicarlos en la mayoría de los casos, aunque quizá no en todos, pues debemos admitir la posibilidad de conceptos inexpresables (o no bien expresables) mediante el repertorio de palabras existente en una lengua dada.

– La relación de expresión es (idealmente) una función, esto es, un mismo término lingüístico (idealmente) sólo expresa un único concepto.

– Las expresiones lingüísticas son objetos reales, pertenecen al mundo real.

Diferentes términos (expresiones lingüísticas) pueden expresar un mismo concepto.

Los términos (expresiones lingüísticas, en tanto objetos del mundo real) pueden ser subsumidos por otros conceptos.

– En el contexto de los lenguajes científicos, prácticamente todos los términos no-sincategoremáticos introducidos expresan un concepto, y tienen casi unánimemente una determinada forma lógica: son predicados.

Cuarto supuesto

– En los lenguajes científicos, los términos que expresan conceptos tienen (casi) siempre la forma lógica de predicados n-ádicos, con n ≥ 1. (n=1, conceptos clasificatorios)

– En un contexto científico las expresiones que más interesan son las predicativas.

– Podemos aplicar todo el arsenal simbólico de la lógica de predicados para formalizar las conexiones entre conceptos en nuestro sistema conceptual.

– La lógica de predicados contribuye decisivamente al análisis conceptual; otra rama de las ciencias formales que contribuye a este análisis es la teoría de conjuntos.

– Para muchos fines del análisis conceptual, aunque no para todos, conviene sustituir el tratamiento de los conceptos mismos (o de los predicados que los expresan) por el de las extensiones de estos, esto es, por el de los conjuntos de objetos que caen bajo cada concepto.

Quinto supuesto

– Existen conjuntos y la extensión de un concepto cualquiera es un conjunto en ese sentido, el conjunto de los objetos que caen bajo él.

– Hay conjuntos que sí son extensiones de conceptos, les podemos aplicar los principios y las operaciones de la teoría de conjuntos, y establecer o revelar así indirectamente determinadas conexiones entre los conceptos que tienen tales extensiones.

– No siempre es adecuado sustituir la consideración directa de los conceptos (sus predicados) por la consideración sobre sus extensiones (sus conjuntos).

– Los contextos o formas de discurso en los que no es legítima la sustitución de las relaciones entre extensiones por las relaciones entre los correspondientes conceptos, son los denominados contextos o discursos intensionales (incluyen operadores epistémicos (como ‘creer’) o modales (como ‘posible’ o ‘necesario’), por oposición a los contextos extensionales.

– En el resto de este capítulo adoptaremos una perspectiva puramente extensionalista, es decir, consideraremos siempre legítimo sustituir los conceptos por sus extensiones; con el instrumental de la teoría de conjuntos para llevar a cabo un análisis conceptual lo más sistemático y preciso posible.

– Desde esta perspectiva extensionalista, denominaremos ‘representación‘ a la relación que se da entre un conjunto y el concepto del cual es extensión: si la extensión del concepto C es el conjunto ^C, diremos que ^C representa a C.

– Nótese que esta relación no es una función, esto es, un mismo conjunto puede representar conceptos diferentes.

– El motivo es que puede haber diferentes conceptos con la misma extensión, que se aplican a los mismos objetos.

– Entonces: diferentes conjuntos pueden representar un mismo concepto y por otro lado, en tanto que objetos del mundo real, los conjuntos pueden a su vez ser subsumidos por otros conceptos.

Conceptos cuantitativos y cualitativos

– La distinción entre lo cualitativo y lo cuantitativo se ha tomado con frecuencia como una distinción fundamentalmente ontológica, cuando debería en realidad tomarse como una distinción epistemológica, basada ante todo en la estructura conceptual con la que nosotros conceptualizamos la realidad.

– Todo esto son confusiones derivadas de la confusión básica entre el plano ontológico y el plano epistemológico. Nada en el mundo es en sí misma cualitativa o cuantitativa.

– No es la realidad misma o un fenómeno particular lo que es cualitativo o cuantitativo, sino el modo como lo describimos, es decir, el aparato conceptual que utilizamos para aprehenderlo.

– Depende esencialmente del sujeto epistémico, y no de la realidad misma, el que usemos conceptos de una u otra clase para subsumirla bajo ellos.

– Aunque es cierto que hay aspectos de la realidad que, al menos de momento, «no se dejan» conceptualizar cuantitativamente de modo interesante.

– A veces se otorga una prioridad absoluta a los conceptos cuantitativos frente a los cualitativos, e incluso se piensa que una disciplina cualquiera no es realmente científica mientras no use conceptos cuantitativos.

– Se sigue la idea kantiana de que en una disciplina hay tanta ciencia como matemáticas hay, con lo cual, además, se suele identificar el nivel de matematización de una disciplina con su nivel de cuantificación.

– Cuidado de creer que matematizar es equivalente a usar conceptos cuantitativos. Hay muchas ramas de las matemáticas, desde la topología hasta la teoría de grafos pasando por la teoría de grupos, que pueden ser útiles a las ciencias empíricas y que sin embargo no presuponen conceptos cuantitativos.

– La introducción de conceptos cuantitativos no es la panacea que promueve automáticamente el desarrollo de una teoría. Ni siquiera son siempre necesarios.

– En conclusión, aunque los conceptos cuantitativos son los más útiles para el desarrollo rápido de la ciencia (por razones que veremos más adelante), hay que juzgar con cautela y de modo pragmático en esta cuestión, y no rechazar dogmáticamente una disciplina como no-científica por el simple hecho de que no aparezcan conceptos cuantitativos en ella.

Para una exposición más detallada de la clasificación de los conceptos científicos, da clic aquí.


[1] Díez, José A., y C. Ulises Moulines. Fundamentos de filosofía de la ciencia. Ariel, 1997