Posgrados en el Colegio de Saberes (CDMX)

El Colegio de Saberes invita a sus Programas Académicos de Posgrado: Maestría y Doctorado en Saberes sobre Subjetividad y Violencia.

«El Colegio de Saberes es un espacio de encuentro en donde se pueden confrontar y cuestionar saberes en los campos del psicoanálisis, la filosofía, la historia y el arte. Busca trazar líneas de fuga que, a través de diálogos fecundos y sin abandonar especificidades, lleven a ensanchar los límites y a transgredir fronteras.

Frente a las diversas crisis actuales, el Colegio de Saberes intenta sostener la cuestión abierta por Jacques Derrida: ¿cómo deconstruir los saberes?, ¿cómo desedimentar estructuras? Se trata, como diría Michel Foucault, de sacudir lo familiar al pensamiento, de trabajar para emprender un camino hacia lo no-pensado y dar paso al pensamiento de lo otro. En nuestros andares también habrá retornos, el retorno a Freud propuesto por Jacques Lacan y también otros retornos provocativos que reaviven las brasas de los textos para inventar e invitar a un diálogo que, a través de desplazamientos, coincidencias y desvíos, ponga en juego un saber expuesto en su incompletud

En ese andar hacia el otro, en esa persecución no sólo de búsquedas sino fundamentalmente de encuentros, nos conjunta un ámbito álgido y siempre enigmático: la violencia. ¿Qué hacer frente a la violencia?, pregunta vertiginosa y abismal, diría Derrida, pregunta que tiene que desplegarse ante el horizonte y resonar al borde del abismo, pregunta que implica una apertura radical al por-venir. Así, desde diversas miradas sostenemos un diálogo permanente sobre cómo abordar lo inasible de la violencia. Además, el Colegio no queda al margen de la praxis, pues una vereda conduce hacia la Clínica Sigmund Freud, a la Clínica Van Gogh y a encuentros en Diálogos clínicos, que hacen eco de voces que han sido víctimas de la violencia y del silencio. Estos son lugares para nombrar hechos de la experiencia y para hacerla circular en busca de reelaboraciones de la teoría y la práctica».

Fuente: Colegio de Saberes

Doctorado en Saberes sobre Subjetividad y Violencia

Doctorado en Saberes sobre Subjetividad y Violencia

Maestría en Saberes sobre Subjetividad y Violencia

Maestría en Saberes sobre Subjetividad y Violencia

Más información.

Territorio de Diálogos. Berlín 39, Col. Juárez, México, D.F. 

info@colegiodesaberes.org.mx.

Tels: 55 35 00 46 / 55 66 93 73

Otras cumbres y otros retornos

¡Qué venenosos, qué taimados, qué malos nos vuelve cualquier guerra prolongada que no se permite llevar a cabo con violencia abierta!

— Friedrich Nietzsche

«Ahora nos hemos alejado de las exigencias de la academia junto con la seriedad y la pesadez que la acompañan, hemos podido elevarnos lo suficiente por encima de ella —o con ella y a pesar de ella— y nuestras carcajadas han silenciado todas sus voces y no las escuchamos más, durante estos años de camino recorrido y batallas libradas construimos nuestra vía hacia llanuras de calma y tranquilidad —cosa que Zaratustra odia—, por fin encontramos lo que buscábamos y no volveremos a ser presa de las creencias y de las certidumbres, y cosas por el estilo». Por fortuna no es así, no podemos hablar de esa manera. ¿O sí? Quizá deberemos esperar hasta que el pesado enano nos vuelva a visitar y tengamos que librar una nueva batalla.

Un montaje de Nietzsche con uno otro de sus animales, aparte del león, el águila y la serpiente: el gato.
Nietzsche y su gato (!), montaje por ibrahim

Semanas antes de redactar la mayor parte de los escritos que hemos presentado, quizá días antes, estábamos convencidos de haber encontrado la «justificación justa y necesaria» para poder, ahora sí, iniciar nuestro trabajo de «investigación», y asegurábamos que esa sería la dirección definitiva para nuestro proyecto: «Ahora sí, ya estamos preparados, por fin». La seguridad y la alegría eran profundas: nos sentíamos «autorizados» por algunos que sabían «más» sobre Nietzsche y Zaratustra, habíamos encontrado en ellos el «permiso» para poder realizar nuestra investigación —y aquí deberemos «disculparnos» con aquellos que ya antes nos habían animado a iniciar sin demorar más la escritura y que no les hicimos caso; mejor dicho, aunque queríamos, no podíamos—. ¿Qué fue lo que pasó que, durante el transcurso de unos pocos días, ese que parecía ser el «fundamento» de nuestro trabajo, fue abandonado al final?

Decir algo sobre Zaratustra es interpretarlo: esta frase había explotado dentro de nuestra cabeza. Nos daba la libertad de escribir «cualquier cosa» —o casi cualquier cosa, recordemos el comentario que hicimos sobre la forma de trabajo de Derrida: el amor a los textos, la herencia, la fidelidad, la traición, la reinterpretación y la afirmación de una tradición— sobre el texto que durante los últimos años no nos dejaba tranquilos. ¡Eso era! ¡Y al final no fue! O quizá sí, si tomamos como nuestra interpretación todo lo que aquí se ha escrito. No se trataba ya entonces de una interpretación directa de los textos, un comentario sobre ellos, sino la interpretación que estaba teniendo lugar aún fuera del aula, mientras no pensábamos en los libros ni en las frases nietzscheanas. Esa otra interpretación eficaz que se colaba a cada rato en nuestra vida diaria y que operaba cada vez más de manera explícita.

Así, por último, hemos decidido incluir dos trabajos que muestran aún la fuerte tendencia que existía para tener que «cumplir» con los deberes y los formalismos de la academia —y aquí deberemos también ser más cuidadosos en adelante, pues no toda academia se coloca en ese sentido serio y pesado de la rigidez metodológica y científica experimental, valga precisamente el lugar desde donde estamos escribiendo—, para tener que «convencer» a otros de que el proyecto «vale la pena». ¿Según qué criterio? ¿Cuál es el referente? ¿Cómo y quién valora el proyecto? ¿Con qué intención y fin? No hay respuestas unívocas —exacto, desde qué academia habría que preguntarse—. En otras palabras, existe un aprecio especial hacia estos textos por representar los últimos intentos de formalismo y exigencia lógica a que nos enfrentamos.

El contenido del primer trabajo nos «autorizó» para la tesis —Problema además de las fronteras y delimitaciones de lo propio y lo ajeno, ¿nos autorizó o nos autorizamos? ¿nos autorizamos, ellos y nosotros, los autores y nosotros? ¿Quién autoriza y qué? ¿Relaciones de poder?—. Pero existe algo más relevante ahí: el experimento. Y vamos a decirlo también, si por una parte decir algo de Zaratustra era por fuerza interpretarlo, por otro lado, la filosofía nietzscheana es una experimentación —como lo fue su Zaratustra—, y de ahí a juntar filosofía y vida, por tanto, la vida como experimentación, y por supuesto la escritura como parte de la vida, también es una experimentación. Y por ahí también se cuela —secuela— cierta resonancia con la ligereza, y que finalmente las tres implican un riesgo: interpretemos, experimentemos, ligeremos. Mejor aún, las tres son riesgos.

El segundo corresponde a la última versión, la versión «final» de lo que entonces era nuestro Proyecto de Investigación de acuerdo con los lineamientos más generales de lo que suele incluir un trabajo de ese tipo. Un Proyecto reelaborado, reconstruido, revisado y reescrito decenas de veces, y que finalmente no se realizó. Hemos dicho que su inclusión es parte de la «evidencia» de ese academicismo aún fuerte en nosotros hasta hace poco. Y del cual no hay conclusión ni cierre. Pero también existen otros motivos: quizá nunca podríamos haber pasado a un tipo de escritura y elaboración diferente de nuestro «tema» de no haber pasado por todo ese proceso tan estructurado. Sí, tal vez queremos romantizar el pasado, o idealizarlo, «sí, gracias a ese pasado, podemos estar aquí», como sea, de lo que estamos seguros es de que queríamos ese proyecto, en verdad estábamos decididos a realizarlo, queríamos completarlo, llevarlo a fin, estábamos involucrados completamente. Y no sucedió. Y decimos esto porque quizá alguien podría decirnos, «no, mira, quizá el tema no era lo tuyo, no era lo suficientemente de tu interés», caramba, vaya que lo era. Y, sin embargo, no pasó. En su lugar algo más ocupó su lugar. Sí, aún en relación con Nietzsche, pero con un plus: con nuestros antecedentes psicoanalíticos. —Quizá de ahí el interés por la redención del espíritu de venganza en el Zaratustra, la espera por el redentor del redentor, para liberarnos de dicho peso; y atención aquí, porque esa insistencia del Zaratustra en los últimos años también empezaba a volverse una especie de carga—. ¿Qué queremos decir, que fue más fuerte la venganza? Sí, pero también puede pensarse que fue más fuerte la redención, el espíritu de ligereza.

Y en la combinación de todo esto, se abren formas distintas que no logramos explicarnos aún, pues van contra todo sentido común —y qué bueno—: cómo explicar que entre menos certezas tenemos, más ligeros nos sentimos, entre menos creencias, mayor libertad, incluso más seguros, más seguros de la falta de certezas. Al final es lo que más tenemos que «agradecerle» a El Crucificado: habernos proporcionado su martillo —¿será el mismo con el que lo clavaron en la cruz?— para destruir ídolos, pero no sólo eso, el argonauta de pies ligeros también nos proporcionó alas. ¿Quiere decir esto, con toda la arrogancia y el orgullo que merece, que nos hemos elevado por encima de nosotros mismos y de otros, o, por el contrario, con toda sencillez decir que no sabemos si lo hemos conseguido, elevarnos hacia cumbres cada vez más altas y volar sobre múltiples abismos? Ni una ni otra. Digamos que entre ambas: espectros, fantasmas. Se cuela el tema de la compasión, la última tentación de Zaratustra, quizá por ser también las últimas palabras que creemos que escribiremos para estas memorias. Quizá porque resistimos la última tentación en relación con nosotros mismos. Y no sólo la compasión, también la venganza —cuan parecidas nos resultan ahora—. Compasionarse —¿o se dice compadecerse?— y vengarse de uno mismo es la misma cosa. Una tentación recurrente, el tiro en la cabeza, la visita inesperada, la detención de la vida, la predicación de la muerte, la desesperanza eterna. Pero también está la vida, este rememorar, recorrer y revisitar el pasado nos ha llenado de nuevos bríos, respiramos otros aires; mejor dicho, aún, respiramos de otra manera.

[Este texto sigue a Retornos y descensos y anuncia la sección final de los Prolegómenos para una ligereza nietzscheana: fragmentos sobre psicoanalismo]

Un último esfuerzo (cont.)

Los tres trabajos que se mencionan en la entrada Un último esfuerzo ya fueron compartidos en esta página en distintos momentos. A continuación se presentan los enlaces correspondientes a cada uno de ellos.

Lacan: el concepto de transferencia en los Escritos

Nuestra creencia en los otros desvela en qué parte de nosotros mismos querríamos creer. Nuestra nostalgia de un amigo es nuestra delatora.

— Así habló Zaratustra

A propósito de la republicación de esta entrada, compartimos algunas imágenes de las actividades que tuvieron lugar en esos días: la presentación del libro de Juan Manuel Martínez, Lacan: el concepto de transferencia en los Escritos, y el seminario que impartió al día siguiente, Desafíos clínicos: cómo intervenir en psicoanálisis (20 y 21 de abril de 2018).

Nietzsche en los márgenes freudianos

Pero entonces, la todopoderosa fuerza de nuestra tarea nos volvía a separar hacia diferentes mares y soles diversos, y quizás no nos volvamos a ver nunca, —o quizás sí nos veamos, pero no lleguemos a reconocernos: ¡pues los diferentes mares y soles nos habrán cambiado! Que tengamos que volvernos extraños es la ley que está por encima de nosotros: ¡precisamente por eso nos debemos inspirar mayor respeto! ¡Precisamente por eso el pensamiento de nuestra anterior amistad debe volverse más sagrado!

— Friedrich Nietzsche

El epígrafe fue añadido posteriormente. Nietzsche en los márgenes freudianos fue publicado en la Revista Digital Reflexiones MarginalesSaberes de Frontera, Año 8, Número 50 (abril y mayo del 2019) de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Ilustración de Friedrich Nietzsche por Olivier Calou
Friedrich Nietzsche por Olivier Calou

La enseñanza del psicoanálisis en la Maestría en Clínica Psicoanalítica del CESTEM

Tiene que ofender a su orgullo, también a su gusto, si además su verdad ha de ser una verdad para todo el mundo: algo que hasta ahora ha sido el deseo y la intención ocultos de todas las pretensiones dogmáticas. «Mi juicio es mi juicio: otra persona no tendrá tan fácilmente derecho a él» — dirá tal vez ese filósofo del futuro. Hay que eliminar de uno mismo el mal gusto de querer coincidir con la mayoría.

— Friedrich Nietzsche

«Pero te doy esta enseñanza, loco, como despedida: ¡allí donde uno ya no puede amar debe — pasar de largo! —»

— Así habló Zaratustra

El epígrafe fue añadido con posterioridad. Trabajo presentado durante el Segundo Coloquio de la Maestría en Clínica Psicoanalítica: Formación, enseñanza y transmisión en el psicoanálisis, que tuvo lugar el día 8 de diciembre de 2018 en el auditorio del CESTEM.

A propósito de esto, compartimos una mini-galería de las actividades que tuvieron lugar en el auditorio del ITESM de la CDMX con motivo de la visita del psicoanalista Alfredo Eidelsztein.