Devenir filósofo: la escritura como imperativo

Lo siguiente constituye el resultado de nuestro primer encuentro con la escritura del filósofo Bernard Stiegler en su escrito Pasar al acto, donde intenta dar cuenta de cómo devino tal a partir de una transgresión. Si lo leemos y más aún, escribimos sobre ello, es que de alguna manera lo seguimos y, por lo tanto, no está de más hacer explícito que un camino transgresor es “filosofar” en un espacio y tiempo en que las actuales disposiciones han ido borrando sistemáticamente tal actividad de la formación académica de las nuevas generaciones. En este sentido, es necesario preguntarse qué hay en la filosofía que consideramos importante y que podamos utilizar, dado su carácter de “desechable” o inútil que algunos le adjudican. Apostamos que existe algo ahí fundamental que podemos aprehender, algo por descubrir que el mismo Bernard Stiegler sugiere en la primera página de su libro: la filosofía es “una de las principales urgencias cívicas contemporáneas”[1]. Esta importancia sólo lo dejamos señalada pues nuestro interés por ahora se encamina por otra vía.

Bernard Stiegler - Pasar al acto
Bernard Stiegler

Si tal urgencia es porque la filosofía tiene algo qué decirnos o porque se puede descubrir algo en ella -sin detenernos a responder en qué consiste su actividad-, antes debemos preguntarnos qué o quién es un filósofo, y en caso de poder definirlo, preguntarnos cómo deviene o uno. Bernard Stiegler nos anuncia la pregunta rectora de su trabajo al inicio: ‘¿Cómo se convierte uno en filósofo en la intimidad y secreto de su vida?’[2] No todos estamos en las mismas condiciones materiales que le llevaron a filosofar: cinco años en prisión, en condiciones muy particulares, pues, por ejemplo, tendrá contacto con una figura importante: Jacques Derrida, filósofo, por cierto. Imposible sostener que devenir filósofo consiste en vivir con las mismas condiciones materiales, aunque no desdeñables. Qué puede decirnos para los que estamos en situaciones diferentes.

Para Bernard Stiegler, todos somos filósofos en potencia, a diferencia de otras actividades y saberes en los que se trataría más bien de un don que no es de todos. Y por lo mismo que somos filósofos potenciales, no todos llegaremos a serlo. Así pues, ¿qué es eso en particular por lo cual deviene un filósofo? ¿Qué fue en el caso de Bernard Stiegler lo que hizo pasar al acto esa potencia común en todos, y que insistimos, no tiene relación del todo con estar encarcelado, o tal vez sí de manera figurada?

Bernard Stiegler, recordando a Gilbert Simondon[3], enfatiza que la dimensión existencial de toda filosofía debe ser analizada a partir de la relación entre el yo y el nosotros. De esta relación participan los conceptos de individuación psíquica y colectiva.[4] Esto nos hace pensar que sólo en apariencia se trata de algo exclusivamente privado, íntimo y secreto en la vida de cada uno: un Bernard Stiegler recluido en su celda, solo con sus pensamientos y sus libros, aislado del mundo exterior y ensimismado en el mundo interior. Según su postura, el nosotros no está excluido, aunque no nos queda claro de qué manera está incluido. Sin embargo, para nuestro interés, se deduce que estos procesos de individuación tienen relación con el devenir filósofo.

Pasarán varias páginas para que Bernard Stiegler mencione qué fue lo que pasó e hizo durante su encierro. De mientras nos va presentando algunas nociones sobre la filosofía que tomamos arriesgadamente como definiciones: “El decir filosófico es necesariamente también un hacer, a muerte, y esta teoría es siempre también una praxis –sin la cual esto no es más que palabrería. La cuestión de la filosofía es en primer lugar la de la acción“.[5] Entonces, la acción es, en tanto primera, la cuestión fundamental de la filosofía. Devenir filósofo es en acto, de ahí la importancia del pasaje. Surge entonces otra pregunta: ¿actuar qué, pasar al acto de qué? Y, además, sin contradicción, pues “la filosofía de un filósofo sólo debería tener sentido en la medida en que se reflejase en su manera misma de vivir –es decir, de morir”.[6]

La escritura (real, virtual, psíquica) como imperativo para la filosofía, y para otras disciplinas.
La escritura como imperativo

En síntesis: todos tenemos el potencial de devenir filósofos, pero se necesitaría de una acción que nos haría devenir como tales [de Mileto]. Encontramos una respuesta a la pregunta sobre ese acto: “La cuestión de la filosofía en potencia es la del paso al acto de la filosofía”.[7] Aunque esta respuesta provisional no nos dice mucho, es más, nos deja casi iguales, podemos armar y quedarnos con una premisa fundamental por ahora: El filósofo en potencia deviene filósofo en acto en tanto pasa al acto de la filosofía, teniendo en cuenta que el pasaje al acto es una forma de transgresión, de acuerdo con la noción psicoanalítica, como el mismo autor lo expone. Reformulemos: El filósofo ha devenido tal en tanto ha transgredido, el paso al acto de la filosofía es un acto de transgresión.

A partir de esta premisa, nos preguntamos cómo devendríamos filósofos nosotros que no estamos encarcelados, ni hemos cometido, ni deseado siquiera -supongamos- ningún delito. ¿Cuál sería ese pasaje al acto, esa transgresión necesaria para la filosofía? Planteamos nuestra idea al respecto al inicio de este texto, pero también recordamos que la relación con la Ley -y por lo tanto con la transgresión- se jugará de manera diferente en cada sujeto. Si para devenir filósofo hay que transgredir, cada uno deberá pasar al acto en su manera, si se siente convocado a ello.

Notamos, sin embargo, que no fue por sí solo el acto transgresor lo que le hizo devenir filósofo. ¡Imaginen lo que eso implicaría! ¡Más aún en nuestro país! Ese acto transgresor lo llevó a una situación en la cual viviría una experiencia de la cual, ahora sí, saldrá filósofo. Tal experiencia inicia por lo que llama una necesidad inevitable de interrogarse sobre los orígenes. Más adelante experimentará la falta del mundo, como carencia irrenunciable, entre otras cosas, como el conocimiento como un reconocimiento, como una anamnesis a diferencia de la hipomnesis; la libertad en prisión; el silencio que era interrumpido por la “libertad”; y, finalmente la experiencia de escuchar una voz.

En su rutina diaria “vivía sólo en el lenguaje y únicamente en el lenguaje escrito. Hablaba sólo raramente”.[8] Y esto porque aprendió a escuchar una voz que sobrevenía de él, que, a pesar de ser de él, no era suya, no estaba loco, a esa voz le llamó yo otro. El otro en él. Todo eso que escuchaba y que hacía signos, a veces, hasta la locura, le llevaba a anotarlo imperativamente. “Se producía con una necesidad absoluta”.[9] Cuando eso empezó a “hablar”, es cuando empezó a filosofar, cuando se produjo la pasión: “Así es como practiqué la filosofía, como experiencia de un silencio en el que se eleva una voz, la de un soliloquio mantenido por las hipomnesias de la escritura y de la lectura”.[10]

He ahí lo necesario y que se impone absolutamente para el acto filosófico. Aunque la transgresión se presenta como necesaria, no se hace con tanto énfasis en comparación con la escrituración de esa voz que le dictaba. Escrituraba esa voz para salvarse de la locura. Así, ese pasaje al acto que lo llevó a una situación de la que devendrá filósofo, tiene su punto previo en la escucha de una voz propia pero extraña y su punto culminante en la escritura. Para devenir filósofo hay que escribir, o, como se ha mencionado durante el seminario[11]: sin escritura no hay filosofía. Bernard Stiegler es un claro ejemplo de ello. Podemos reformular nuestra premisa: El filósofo en potencia deviene filósofo en acto en tanto pasa al acto necesario e imperativo de escriturar la voz del yo otro que lleva en él.

He ahí el acto que hace devenir (a) un filósofo. Y aunque hemos respondido por ahora, el texto nos produce otras inquietudes: ¿De qué tipo de escritura se trata en la filosofía en acto? ¿No podría ser cualquier escritura, o sí? Pero antes, ¿qué es una escritura? ¿El que escribe, igualmente por un imperativo, para salvarse, es filósofo? No lo creemos, ya que quien escribe para salvarse de la locura puede producir otras cosas: una novela o una canción, por ejemplo. ¿Este escrito de Bernard Stiegler es una escritura filosófica? ¿Nuestra propia escritura en este momento es un texto filosófico? Finalmente, ¿por qué no hay filosofía sin escritura? Nos negamos a decir que así es porque Platón así la inauguró o porque Bernard Stiegler así devino. Cuestiones que quedan pendientes para seguir “filosofando”, o, mejor dicho, escriturando.

Notas

[1] Bernard Stiegler, Pasar al acto, trad. de Beatriz Morales Bastos. Hondarribia: Hiru, 2005, p.7.

[2] Stiegler, 7.

[3] De Wikipedia: “Gilbert Simondon fue un filósofo francés, uno de los más influyentes en el estudio de las técnicas y tecnologías y conocido por su teoría de la individuación, fuente principal de inspiración para Gilles Deleuze y hoy en día, para Bernard Stiegler”.

[4] Stiegler, 11.

[5] Stiegler, 17.

[6] Stiegler, 17.

[7] Stiegler, 20.

[8] Stiegler, 42.

[9] Stiegler, 43.

[10] Stiegler, 44.

[11] Nos referimos al seminario dedicado a Jacques Derrida en el marco del primer semestre de la maestría en Subjetividad y Violencia del Colegio de Saberes.

Bibliografía

Stiegler, Bernard, Pasar al acto, trad. de Beatriz Morales Bastos. Hondarribia: Hiru, 2005.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *