En el diván: el coraje de hacer historia (II)

El pasado que no es pasado o el retorno de lo reprimido 

Freud necesita representarse y pensar el funcionamiento de un aparato psíquico con esas características debido a lo que descubre en su práctica clínica. En Psicopatología de la vida cotidiana expresa: “El estudio del sueño y de sucesos patológicos nos ha enseñado que pueden reaflorar de pronto en la conciencia lo que estimábamos olvidado desde hacía mucho tiempo, el olvidar se nos ha vuelto más enigmático que el recordar.”[1]

Este “reaflorar” del pasado lo expresa de manera más clara en Recordar, Repetir, Reelaborar[2]. Pero, y he aquí una premisa fundamental: el pasado no reaflora, o, mejor dicho, no retorna en forma de recuerdo, sino de acto: El analizante no recuerda, en general, nada de lo olvidado y reprimido, sino que lo actúa. No lo reproduce como recuerdo, sino como acción; lo repite, sin saber, desde luego, que lo hace. Es en este sentido que el pasado, en tanto se actúa en el presente, ni es pasado ni se ha olvidado, sólo que el analizante no lo sabe. En Fragmento de análisis de un caso de histeria[3], ya lo había anticipado: Dora actuó un fragmento esencial de sus recuerdos y fantasías, en lugar de reproducirlo, es decir, recordarlo en la cura.

El tiempo que no pasa*

Esta forma de actuar como un modo de “recordar”, sin saberlo, es lo que Freud llamará compulsión de repetición. Y que, sin necesidad de Freud ni psicoanálisis, nos es una experiencia familiar y a la vez extraña. ¿Quién no ha tropezado con la misma piedra, una, dos, tres, cuatro, cinco, ene veces? Néstor Braunstein lo plantea de manera más “trágica”: darse cuenta de la piedra, para ponerla y tropezar nuevamente. ¿A quién no le han enseñado nada los años y siempre cae en los mismos errores? ¿Quién no ha brindado con extraños y llorado por los mismos dolores? ¿Quién no ha escuchado historias tan “tristes” de sujetos que pareciera que su destino es “sufrir”, que siempre les va mal por más que se esfuercen y empeñen por ser “felices”? ¿Que quién sabe qué estarán pagando con la vida que “les tocó” vivir? Etc. En otras palabras, la repetición es la trasferencia del pasado olvidado; pero no sólo en la clínica psicoanalítica: también sobre todos los otros ámbitos de la situación presente, es decir, en todas las otras actividades y vínculos simultáneos de la vida. Comúnmente se cree que recordar, repetir, olvidar, actuar, evocar, etc., sólo tiene lugar porque uno asiste con el psicoanalista; todo eso tiene lugar en nuestra vida cotidiana, solo que no lo sabemos: “Yo no voy con el analista, ¿para qué andar recordando el pasado? ¿De qué me va a servir?” “Señor, usted actúa, sin saberlo, un pasado que no recuerda”.

Actúan en vez de recordar. Demos un paso más. ¿Qué actúan, o, mejor dicho, qué recuerdan actuando de ese pasado? Actúan “un tipo particular de importantísimas vivencias, sobrevenidas en épocas muy tempranas de la infancia y que en su tiempo no fueron entendidas”[4]. “Repite todo cuanto desde las fuentes de su reprimido ya se ha abierto paso hasta su ser manifiesto: sus inhibiciones y actitudes inviables, sus rasgos patológicos de carácter”[5], por decirlo de alguna manera.

Ahora bien, actuar sólo es una forma de recordar. Otra forma de recordar son propiamente los Recuerdos de infancia y recuerdos encubridores[6]. En este texto Freud señala “la naturaleza tendenciosa de nuestro recordar” y expone: “Los recuerdos indiferentes de la infancia deben su existencia a un proceso de desplazamiento; son el sustituto, en la reproducción [mnémica], de otras impresiones de efectiva sustantividad”. Señalemos aquí el adjetivo “indiferentes”. Esa indiferencia es supuesta pues estos recuerdos se conservan no por su contenido propio, sino por su vínculo con otros contenidos, reprimidos, y lo esencial de la memoria, las impresiones más importantes, se sitúan “detrás” de estos recuerdos encubridores. Sin embargo, “de esos recuerdos de infancia, que se llaman los más tempranos, no poseemos la huella mnémica real y efectiva, sino una elaboración posterior de ella, una elaboración que acaso experimentó los influjos de múltiples poderes psíquicos posteriores”.[7]

Y estarían otro tipo de “recuerdos”, que más bien son un tipo de “explicaciones” que intentarían darle algún sentido a lo que se vive, remontándose al pasado, al decir que uno es así o le suceden tales cosas porque de niño vio, vivió, sufrió, padeció, le dijeron x o y cosas: divorcio, peleas, celos, abusos, violencia, etc., “explicaciones” que, remontándose y obteniendo su impulso del pasado, se hacen presentes y congelan el futuro. Historias de un pasado que sepulta el presente en tanto que el sujeto por más que quiera y se esfuerce, no puede desprenderse de aquello que tanto sufre y lo determina. Una especie de destino funesto que imposibilita la vida. Puede pensarse también en la forma de una herencia, tradición, costumbre, que no permite la novedad, la invención, lo nuevo, lo diferente, lo vivificante. Limitándose a repetir, uno puede estar muerto en vida o ser una especie de anciano que vive en y de sus recuerdos, no muy gratos. Muerto y anciano en sentido figurado: un joven gallardo y galante bien puede representar un muerto y anciano en este orden de ideas, como veremos en un ejemplo más adelante.

Es en este sentido que el pasado no es pasado sino presente. Que en realidad eso que se actúa, se repite y retorna, no está olvidado. Y de paso señalemos lo que nos dice Freud hacia el final de Psicopatología de la vida cotidiana: en todos los casos (expuestos en ese texto) el olvidó resultó fundado en un motivo de displacer […] no debemos tratar su “enfermedad” como un episodio histórico, sino como un poder actual.

Esto trastoca radicalmente la concepción del tiempo en que vivimos y experimentamos. Una línea recta del tiempo donde cada evento tendría lugar en un punto, fijando uno como presente, aquellos que se coloquen previamente serían pasado, y los posteriores futuro. Lo que Freud descubre es una atemporalidad del aparato psíquico y que definirá como una de las propiedades del sistema Inconsciente en su texto Lo Inconsciente: “Los procesos del sistema Icc son atemporales, es decir, no están ordenados con arreglo al tiempo, no se modifican por el trascurso de este ni, en general, tienen relación alguna con él.”[8]

Existe una frase que me encanta y expresaría esto de otra manera. Proviene de Hamlet, aunque yo la encontré en Espectros de Marx: The time is out of joint. El tiempo está desarticulado. Que también puede aceptar los siguientes significados: dislocado, desencajado, fuera de sí, descompuesto, fuera de sus goznes, fuera de quicio, disyunto, desajustado, trastornado; nos ayuda a pensar la relación del sujeto con el tiempo.

Desde la clínica

Infinidad de tiempos*

Pierre Fédida en El sitio del ajeno. La situación psicoanalítica[9], nos comparte un mini fragmento de caso: Un joven que tiene en la memoria el rostro de su madre, muerta hace diez años, rostro que está hoy para él más claramente presente que si la viera frente a sí. El recuerdo de ese rostro lo mantiene como alejado de una emoción. Creía no tener ningún recuerdo de su padre porque lo había conocido muy poco. Siempre le dijeron que se parecía a su padre, pero él, por su parte, no lo sabe. La muerte de su madre no puso fin a la desaparición de su padre. Esa muerte lo ha privado asimismo de su duelo. Y se diría que el rostro tan claro en la memoria -que impide todo afecto- lo mantiene despierto, inmortal. Para él lo importante es no ser amortajado por la desaparición de su padre. Su madre hizo de modo que él no sufriera nunca la ausencia: con seguridad, ella creía que la fidelidad de su pasión concedía al padre todo su lugar. Antes de venir, el hombre no sabía qué diría que no es su padre lo que le ha faltado, sino que lo que le ha faltado es su muerte. El hombre dice que no es él quien está enfermo sino su vida. ¿Habrá vivido hasta ahora en tal identificación insospechada con su padre desaparecido para darse cuenta hoy de que, quizá, vivió en su lugar, o más bien de que la pasión de su madre -¿por él o por su padre?- le impidió vivir su propia vida? Vean, el pasado que está claro y vivo en el presente, sepultándolo e impidiendo la vida. El no poder olvidar el rostro de su madre, que a la vez evocaba la pasión por el padre, le impedía vivir su propia vida.

Desde la literatura

¿Qué pasaría si no olvidáramos? Esta vez tomemos un ejemplo de la literatura. Jorge Luis Borges en su cuento Funes el memorioso[10]. Ahí nos comparte la historia de Ireneo Funes, de cara taciturna y aindiada. A quien por cierto también se le conocía como el “cronométrico Funes”, porque siempre sabía la hora exacta sin necesidad de mirar su reloj. Después de dejar de verlo y saber de él, el protagonista se entera de que un accidente dejó al joven Funes tullido y postrado en una silla frente a su jardín. Lo fue a visitar y la madre le comenta que Ireneo estaba en la pieza del fondo y que no le extrañara encontrarla a oscuras, porque Ireneo sabía pasarse las horas muertas sin encender la vela. Descubre ahí que Ireneo, después del accidente perdió el conocimiento, pero tuvo desde entonces una memoria perfecta; no prodigiosa ni excepcional sino perfecta. ¿Quién no quisiera poder recordarlo todo? Ireneo podía, y de inicio aquello parecía un regalo de los dioses. Sin embargo, poco a poco, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales las recordaba. Ahora su percepción y su memoria eran infalibles. Podía recordar un día entero con todo detalle, pero eso le llevaba un día entero. Recordar el pasado ocupaba su presente, impidiéndole moverse de su lugar. Impidiéndole vivir. No es casual que Borges haya dejado a su personaje de memoria perfecta, tullido e inmóvil. El olvidar es necesario para moverse, para vivir. Y esta es una reflexión que también encontramos, esta vez desde la filosofía, en Friedrich Nietzsche.

Desde la filosofía

Un estilo diferente*

Friedrich Nietzsche en su II Intempestiva. Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida[11], reflexiona, desde su estilo, sobre el pasado, su “utilidad” pero también su perjuicio para la vida. De inicio cita a Goethe: “Detesto todo lo que no hace más que instruirme sin aumentar mi actividad o vivificarla inmediatamente […] Hemos de detestar seriamente la enseñanza sin vivificación, el saber en el que se paraliza la actividad, la historia como lujo y preciosa superabundancia de conocimientos”.[12] No tengáis respeto ante la historia, sino que lo que debéis tener es el coraje de hacer historia. Sólo el anciano vive de puros recuerdos. Es cierto que necesitamos historia, o, pero lo necesitamos de otra manera. Necesitamos de la historia, de nuestro pasado, de nuestros recuerdos para vivificar la vida y para actuar. Servirnos de ella para la vida sin melancolía ni hastío. Escuchen la propuesta tan viva de Nietzsche, que muchas veces se le lee como el nihilista pesimista que nunca fue. Habla de la felicidad: menciona cómo el humano mira envidioso la felicidad del animal: sin hastío ni dolores. Claro, está hablando de los animales salvajes, no los domesticados o aquellos pobres que encontramos en las calles o circos o las azoteas de las casas. Cuando el hombre le pregunta al animal por su felicidad, el animal quisiera responder: Soy feliz porque siempre olvido al punto lo que quería decir, pero ya olvido también esa respuesta y me callo: el ser humano se quedó asombrado. Se asombró también de sí mismo por no poder aprender a olvidar y seguir dependiendo siempre del pasado: por muy rápido y lejos que corra, la cadena corre con él. El animal vive en forma ahistórica; el ser humano, por el contrario, se resiste a la gran carga, cada vez mayor, del pasado… ¿No les parece maravilloso cómo resuenan aquí Freud, o cómo resuena allá Nietzsche? Es siempre una sola cosa la que hace que la felicidad sea felicidad: el poder olvidar (recuerden nuestros ejemplos), o dicho en términos más eruditos, la facultad de sentir en forma ahistórica todo el tiempo de su duración. Quien no es capaz de tenderse, olvidando todo pasado, en el umbral de un instante, quien no sabe estar ahí de pie en un punto, sin vértigo ni miedo, nunca sabrá lo que es la felicidad. En consecuencia, es posible vivir, y aún vivir feliz, casi sin recordar; pero es totalmente imposible vivir sin olvidar. De lo que se trata es de evitar que el pasado se convierta en sepultero de lo presente, que el presente no sucumba ante el pasado. Lo ahistórico y lo histórico son por igual necesarios para la salud de los individuos, de los pueblos y de las culturas. Escuchen: Lo pasado y presente son una y la misma cosa, esto es, dentro de cualquier diversidad son típicamente idénticos. En otros términos, el pasado debe estar al servicio del poder de la vida. Pero hasta qué punto la vida tiene necesidad del servicio de la historia y del pasado es una de las más graves cuestiones y preocupaciones en lo que respecta a la salud de los individuos, los pueblos y las culturas. Concluye su primer punto: donde hay cierto exceso de historia-pasado se desintegra y degenera la vida, y, por último, a raíz de esta degeneración, a su vez, también la misma historia. A mí me parece genial.

Notas

[1] Freud, Sigmund, Psicopatología de la vida cotidiana, Obras Completas, vol. 6, 2ª ed. Argentina: Amorrortu, 1991.

[2] Freud, Sigmund, Recordar, repetir, reelaborar, Obras Completas, vol. 12, 2ª ed. Argentina: Amorrortu, 1991.

[3] Freud, Sigmund, Fragmento de análisis de un caso de histeria, Obras Completas, vol. 7, 2ª ed. Argentina: Amorrortu, 1991.

[4] Recordar, repetir, reelaborar. p.151

[5] Ibid. p.153

[6] Freud, Sigmund, Recuerdos de infancia y recuerdos encubridores, Obras Completas, vol. 6, 2ª ed. Argentina: Amorrortu, 1991.

[7] Ibid. p.52

[8] Freud, Sigmund, Lo inconsciente, Obras Completas, vol. 14, 2ª ed. Argentina: Amorrortu, 1991.

[9] Fédida, Pierre, El sitio del ajeno. La situación psicoanalítica, 1ª ed. Argentina: Siglo XXI, 2006.

[10] Borges, Jorge Luis, Funes el memorioso, consultado en línea: http://biblio3.url.edu.gt/Libros/borges/el_memorioso.pdf el 21 de diciembre de 2016

[11] Nietzsche, Friedrich, II Intempestiva. De la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida, en O.C. Vol. I Escritos de Juventud, trad. intro. y notas de Joan B. Llinares, Diego Sánchez Meca y Luis E. de Santigo Guervos. Madrid: Tecnos, 2011.

[12] Ibid. p.695

*Los títulos de estas imágenes nos los hemos inventado. Las dos primeras resultaron de búsquedas en Pinterest y la tercera fue tomada de https://notasdelectura.wordpress.com/2010/02/23/nietzsche-y-los-usos-de-la-historia/

[En la tercera parte se abordará muy brevemente lo que el trabajo analítico propone en relación con el pasado] [Fin de la segunda parte]

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