En el diván: el coraje de hacer historia (I)

[Presento una versión escrita del trabajo que expuse durante mi segunda participación en el Primer Coloquio en Clínica Psicoanalítica [para ver el trabajo de mi primera participación, dar clic aquí] que llevó como título “Que el pasado sea pasado, sólo el anciano vive de puros recuerdos: el coraje de hacer historia”. Para esta versión dividí el trabajo en tres partes, a continuación, la primera]

El tiempo del psiquismo

Buenos días. Quiero agradecer a los organizadores, Edmundo Vega Simont y Dante Pérez Aguirre, la invitación a este coloquio, así como el empeño y dedicación que muestran en este intento de transmitir y difundir el psicoanálisis. Para ello se necesita, entre otras cosas, un espacio, por lo que también agradezco al SEDIF por la facilidad y recibimiento dentro de sus instalaciones.

     Ante la convocatoria para participar en este coloquio y conociendo que el proyecto detrás es el de la Maestría en Clínica Psicoanalítica, quise venir a hablarles de manera sucinta de algunos elementos entrelazados que tienen lugar precisamente en el trabajo analítico: el olvido, la memoria, el recuerdo, la repetición. En otras palabras, la relación del presente con el pasado que puede pensarse también como la cuestión del tiempo: la temporalidad psíquica, para ser más exacto, que más bien es atemporalidad, como expondremos.

Ernesto A. Ocádiz G. durante el Primer Coloquio en Clínica Psicoanalítica. Tema: Que el pasado sea pasado, solo el anciano vive de puros recuerdos. El coraje de hacer historia.
“Que el pasado sea pasado, sólo el anciano vive de puros recuerdos: el coraje de hacer historia” por Ernesto A. Ocádiz G.

     Es de uso común, para aquellos cuya lectura psicoanalítica es pobre o nula, reconocer, a pesar de lo anterior, la importancia que esta disciplina otorga al pasado dentro de su práctica. Sin embargo, no les son tan conocidos igualmente los efectos y el papel que desempeña el pasado en la vida cotidiana más allá -o más acá- de considerarse algo “traumático”. Es decir, reconocen la importancia de ciertos acontecimientos pasados en tanto sean traumáticos a la vez que desconocen en general sus efectos presentes en lo cotidiano. No saben de sus efectos en la vida cotidiana, y con toda razón, pues las formas y proceso en que tales acontecimientos pueden determinar nuestra vida resultan desconocidos para nuestra conciencia. No tenemos noticia de ello, son procesos inconscientes.

   Dividiré esta exposición en tres partes: 1) la cuestión de la inscripción o escritura psíquica, 2) el retorno del pasado en el presente o el retorno de lo reprimido, y, 3) el trabajo analítico cuya parte de su propuesta es que ese pasado sea pasado, que no sepulte el presente; en otras palabras, el coraje de hacer historia. Esto lo haré tomando no sólo planteamientos psicoanalíticos, sino refiriéndome también a la literatura y la filosofía.

La inscripción psíquica

Estrictamente hablando, podemos decir que todo lo que se habla, escucha y actúa en un análisis es pasado: los sueños, olvidos o lapsus ya han pasado cuando se habla de ellos; qué decir del síntoma que ocupa la vida del paciente antes de pisar el consultorio del analista: este ha estado presente en la existencia del sujeto antes de intentar decir algo al respecto. Aún más, todo lo que vivimos, así sea aquí y ahora, fuera del consultorio, es pasado. Depende de la escala de medición del tiempo que queramos utilizar: podremos hablar de cosas pasadas que sucedieron esta mañana, hace una hora, hace un minuto, hace unos segundos; también lo que sucedió hace un mes o uno, dos, tres, diez años. Todos esos recuerdos de infancia, de juventud, de amores, de pérdidas, que con o sin fecha exacta recuperamos a placer o nos asaltan por sorpresa, son pasados. Así, nos preguntamos de qué manera se inscriben estos eventos en nuestra psique de forma que pueden recuperarse o hacerse presentes. En otras palabras, cómo nos vamos haciendo de una memoria. Queda claro entonces que existiría una relación entre escritura y memoria.

     En Nota sobre la «pizarra mágica»[1], Freud, de manera muy visual, intenta representarse cómo el aparato psíquico lleva a cabo tal tarea: para eso se necesitaría contar con una capacidad ilimitada de recepción de percepciones nuevas y al mismo tiempo la conservación de huellas mnémicas duraderas, aunque no por eso inalterables. Piensen en este momento en cómo algo de lo que ven, escuchan, sienten, piensan, se va inscribiendo en el aparato psíquico de manera duradera, aunque no inalterable. Eso es lo que Freud nos invita a pensar, aunado a que no es, del todo, una acción voluntaria.[2] ¿Cómo saber lo que de este momento perdurará en la memoria?

    Ahora bien, no nos interesa tanto el artificio de la pizarra mágica sino los planteamientos y consecuencias de lo ahí expuesto: nuestro aparato psíquico, en condiciones “normales” sería una superficie receptiva siempre utilizable a la vez que inscribe huellas duraderas, aunque no inmodificables. Gracias a este planteamiento es que Freud puede vincular las funciones de la percepción y de la memoria, es decir, plantea por lo menos dos sistemas del aparato psíquico, digámoslo ya, el sistema percepción conciencia y lo inconsciente. El sistema o estrato receptor de estímulos no forma huellas duraderas; las bases del recuerdo tendrían lugar en otros sistemas contiguos (preconsciente e inconsciente).

  Serge Leclaire nos menciona, según su propuesta en Escritos para el psicoanálisis[3], que el término freudiano más usual para designar lo que queda inscrito de manera indeleble en lo inconsciente es el de representación o representante. O, más exactamente, representante inconsciente de la pulsión. Leclaire también menciona que en el psicoanálisis de lengua francesa intenta imponerse el término de significante, que Jacques Lacan tomó de la lingüística de Saussure para pensar también la cuestión de la inscripción psíquica; significantes inconscientes que determinan al sujeto. Al igual que Freud, también piensa algún modelo del aparato psíquico llevando sus últimas elaboraciones a la topología. En esta relación entre escritura y memoria, se añade una cuestión más: eso escrito es inconsciente.

  Ustedes disculparán estos brincos en esta exposición, pero no es mi intención hacer un desarrollo de estas elaboraciones de la inscripción psíquica ni de los modelos que se han utilizado, como tampoco de los autores que lo han realizado. Lo que quiero señalar es que independientemente del modelo o los términos que se prefieran, estos apuntan a que algo queda inscrito en el aparato psíquico de manera duradera, no inalterable e inconsciente.

     Hasta aquí bien podrían decir con toda razón que esto no es nada nuevo ni diferente de lo que ustedes ya saben o lo que es de uso común y cotidiano: “Sí, hay cosas que recordamos, otras que no, unas que permanecen, otras que olvidamos… ¿y eso qué relevancia tiene?” Es más, se nos diría que incluso la memoria puede ser comparada con una computadora, teniendo una memoria a largo plazo y otra a corto plazo. O bien, que no tiene caso ocuparse del pasado, pues ya pasó. Pero, ¿es así de sencillo? ¿Quién no se ha visto sorprendido por el recuerdo de algo que creía había olvidado? ¿Quién no ha sentido esa extraña sensación de familiaridad con algo o alguien sin poder del todo ubicarlo en su memoria? ¿Quién no ha tenido un sueño que desde la infancia sigue presente? ¿Por qué ese sueño habría de insistir en comparación con los cientos que tenemos a lo largo de la vida? ¿Quién no ha olvidado el nombre de alguien cuyo nombre sabía apenas unos días? ¿Quién no ha querido olvidar y no puede? Por el contrario, ¿quién no ha olvidado sin proponérselo? ¿O quién no ha recordado sin querer? Estas preguntas sólo son para introducirnos en el tema y los problemas que plantea, que tienen relación con esa memoria inconsciente que pareciera tener “vida propia”; incluye por lo tanto las cuestiones del recuerdo y el olvido, procesos que no están del todo bajo nuestro control: recordamos sin querer y quisiéramos poder olvidar a voluntad.

Notas

[1] Freud, Sigmund, Nota sobre la “pizarra mágica” en Obras Completas, vol. 19, 2ª ed. Argentina: Amorrortu, 1991

[2] Decimos no del todo debido a que habría situaciones en que una inscripción “forzada” y “voluntaria” – véase la contradicción – podría llevarse a cabo, como cuando de niños nos ponían a estudiar las tablas de multiplicar.

[3] Leclaire, Serge, Escritos para el psicoanálisis. Argentina: Amorrortu, 2000

[En la segunda parte abordaremos el retorno del pasado en el presente o el retorno de lo reprimido] [Fin de la primera parte]

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