Escritura y Ausencia I

En esta entrada nos limitamos a transcribir mecánicamente los apuntes que hicimos de la lectura del texto citado a continuación. Actividad poco usual para este blog, la de introducir una entrada donde las preguntas, comentarios y diálogo con los autores prácticamente están ausentes. Aunque no del todo fuera de lugar dado que la ausencia, junto con la escritura, son los temas centrales de tal escrito.

En la primera parte del texto Firma, Acontecimiento, Contexto, Jacques Derrida plantea los problemas a tratar, en primer lugar, el de la definición de la comunicación. Sobre esta se pregunta si tiene una definición unívoca y por lo tanto comunicable. La articulará a otras cuestiones dentro de la misma problemática: polisemia y comunicación, diseminación y comunicación, dejando en claro que la diseminación es opuesta a la polisemia. También tratará el contexto, la escritura y el contexto, adelantando de este que nunca es absolutamente determinable, o más bien, nunca está asegurada ni saturada su determinación.

Escritura
La escritura no se reduce a un medio de comunicación

La comunicación no se reduce a fenómenos de transmisión de sentido o significación, ni a operaciones semióticas o intercambio lingüístico, por ejemplo. Esto lo señala porque la definición, digamos vulgar, de la comunicación se reduciría a tales definiciones. Y aprovechándose de esas definiciones de uso cotidiano, señala otros usos que se le dan a tal palabra: por ejemplo, cuando decimos que dos lugares están comunicados: las habitaciones del hotel están comunicadas. Esto no quiere decir que hablen, o que se transmitan mensajes entre ellas, menos aún, a otras. Así, los efectos de comunicación, de trasmisión de mensajes, serían solamente secundarios, particulares o suplementarios.

Ahora bien, a la escritura suele definírsele corrientemente como un medio de comunicación. Así, la escritura sería solamente una modalidad del lenguaje. Definición e interpretación, dice Derrida, propiamente filosófica de la escritura. “Si los hombres escriben es porque tienen algo que comunicar”. Según Condillac, en su Ensayo sobre el origen de los conocimientos humanos, que toma Derrida para llevar a cabo su trabajo, habría una continuidad en la serie lenguaje de acción – lenguaje articulado – escritura.

Condillac, dentro de su propuesta, la noción de ausencia es algo que no cuestionará. La menciona cuando plantea que la escritura se dirige a alguien que está ausente. Sin embargo, Derrida lleva esto más allá, al plantear la ausencia como propio de la estructura de toda escritura, pues la ausencia no es sólo del destinatario, sino también del emisor y de todo lenguaje en general. Tal ausencia, representa para Condillac una extenuación progresiva de la presencia y no como ruptura de la presencia, es decir, para él, la representación suple regularmente a la presencia. En otras palabras, la ausencia como modificación de la presencia.

Otras nociones que resaltan en el ensayo de Condillac serán la de marcar y la analogía. La primera significaría expresar, recordar, representar, hacer presente, según el filósofo. Y la segunda es un recurso que organiza todo su sistema, asegurando las continuidades, en particular la de la presencia en la ausencia.

Pero retomemos la cuestión de la ausencia, la cual “interviene de manera específica en el funcionamiento de la escritura”. Si todo signo escrito supone una cierta ausencia, entonces [la ausencia] es un tipo original en la escritura, si queremos reconocerle alguna especificidad. Entonces, la escritura ya no sería una especie de comunicación, y sus conceptos acríticos y mal formados, estarían destinados a asegurar cierto dogmatismo de cierto discurso histórico.

Si la ausencia es estructural de toda escritura, debe entonces poder funcionar en la ausencia radical de todo destinatario empíricamente determinado en general, dice Derrida. Para comprender mejor esto, dirá de la ausencia: no es una modificación continua de la presencia, como pretendía Condillac; es una ruptura de la presencia, la muerte o la posibilidad de la muerte del destinatario inscrita en la estructura de la marca; es una disrupción del código y de todo contexto como protocolo del código. En otras palabras, para que el escrito sea escrito: debe poder seguir funcionando sin su autor, ya sea porque esté ausente temporalmente, esté muerto, no responda, no sepamos de su intención, no tengamos idea de su querer-decir, etc.

Continúa, “un signo escrito permanece más allá de mi presencia”, es decir, más allá de mi existencia en el mundo, así, por esto, “comporta una fuerza de ruptura con su contexto”. Derrida dirá de esta fuerza de ruptura de su contexto del signo escrito que es la estructura misma de lo escrito. Ningún código ni contexto puede cerrarse sobre sí mismo. Como consecuencia de esta fuerza de ruptura, un elemento puede ser separado del referente o del significado y ser injertado en otro. Un elemento puede ser separado de la comunicación y de su contexto y hasta del referente mismo.

Derrida reconoce en el trabajo de Husserl lo siguiente: es propio de la estructura de la escritura el formarse y funcionar como referencia vacía o separada de su referente y, la existencia de enunciados donde exista ausencia del significado, aunque no siempre del sentido. Condiciones a las que Husserl les llamó la crisis del sentido.

Para mayor crisis, podemos decir que todo signo lingüístico o no, hablado o escrito, puede ser puesto entre comillas [citacionalidad / duplicación / duplicidad / iterabilidad] y por lo tanto romper con todo contexto dado o engendrar nuevos contextos al infinito. “No hay más que contextos sin ningún centro de anclaje absoluto”.

 

Bibliografía

Derrida, Jacques, Firma, acontecimiento, contexto (1971), edición electrónica disponible en línea.

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