Correspondencia Freud-Fliess: Escritura en la carta 52

La Carta 52 del 6 de diciembre de 1896 de la correspondencia entre Freud y Fliess es una referencia constante de trabajo y lectura por diversas razones. Nuestro interés gira en torno a su relación con la escritura. Estas son sólo algunas notas que utilizamos para un trabajo mucho más extenso que llevó por nombre Eros y Escritura: una aproximación a la literatura de montaña .

            Para empezar, Freud señala que la generación – u “origen” – del mecanismo psíquico, aquello que llamará después aparato psíquico, se realiza por estratificación, es decir, plantea la existencia de diferentes niveles o estratos que se diferencian uno de otro. En ellos, materiales preexistentes a los niveles posteriores de desarrollo serán objeto de reordenamiento o retranscripción [Umschrift]. Nos detenemos en esta idea un momento, pues transcripción y Umschrift contienen la idea de una escritura. De la primera tenemos las siguientes definiciones: acto de transcribir; texto escrito o transcrito; escribir o anotar lo que se oye; escribir con un sistema de caracteres lo que está escrito en otro. Y de la segunda, Schrift, entre otras traducciones, incluye la de escritura tal cual.

Así al hablar de reordenamiento o retranscripción entre los diferentes estratos, podemos decir que se trata de un tipo de escritura. Esto resulta importante para Freud para pensar la memoria, y no menos fundamental para pensar el/lo inconsciente. Dice no poder asegurar cuántas transcripciones, en otras palabras cuántas escrituras, tienen lugar en el mecanismo psíquico [aparato psíquico] pero, afirma, por lo menos tres tienen lugar. De la memoria dirá que “está registrada en diversas variedades de signos”[1]. Así memoria y escritura están relacionadas.

Un tipo de escritura.
Un tipo de escritura

Freud propone un esquema para visualizar el orden cronológico que tiene tal estratificación y las diferentes reescrituras (transcripciones, retranscripciones) entre niveles. En primer lugar, están las neuronas de percepción conciencia P, que no conservan huella alguna: “es que conciencia y memoria se excluyen entre sí[2]. Luego, en segundo lugar, está Ps, donde ocurre la primera escritura de los signos de percepción de las percepciones, proceso insusceptible de conciencia y donde los elementos se asocian por simultaneidad. En Ic, inconsciencia, se produce la segunda escritura, también insusceptible de conciencia y donde los elementos son ordenados de acuerdo con otros nexos, tal vez causales, dice Freud. Y finalmente, la tercera escritura, tiene lugar en Prc, preconciencia, enlazada a representaciones-palabra que corresponden al yo-oficial. También en este estrato las investiduras devienen conscientes por lo que las neuronas percepción se asemejan a las neuronas conciencia.

En esta idea evolutiva o desarrollista de un mecanismo psíquico propuesto por Freud, le correspondería, siguiéndolo, a cada una de estas tres transcripciones una época de la vida. Y entre estas épocas de la vida, que corresponderían a cada uno de los estratos (instancias psíquicas, que no corresponden con las que Freud planteará en el capítulo VII de La Interpretación de los sueños) debe traducirse el material psíquico. Destacamos el término traducirse porque nos coloca en vía de ampliar la noción de escritura que nos interesa: la escritura [también] tiene relación con la traducción. Y, si en la traducción se juega una pérdida por no ser nunca fiel al sentido original, esto nos puede llevar también a pensar una pérdida en la escritura. Y dando un paso más, o regresando un poco, una relación también entre memoria y pérdida.

Para Freud, en este momento de su obra, las psiconeurosis son resultado de una traducción que no se realizó, de un material que no se transcribió de un estrato al siguiente. De una reorganización del material preexistente que no tuvo lugar. Si cada reescritura o traducción realizada en un estrato posterior inhibe la anterior y desvía de ella el proceso excitatorio, entonces en las psiconeurosis la excitación no desviada, dado que no hubo traducción, se tramitaría según las vías del período psíquico anterior. Aquí, utiliza las nociones de fueros [privilegio, derecho, exención, etc., que se concede a una persona ciudad o territorio] y relictos (bienes relictos: aquellos bienes que deja alguien o quedan de él tras su muerte) para referirse a ese material preexistente susceptible de excitación.

A esta “denegación de la traducción”, Freud la llama «represión». ¿Por qué a un material de un estrato anterior le sería denegada la traducción? Porque tal traducción produciría un desprendimiento de displacer. De donde entonces también podemos pensar que el hecho de traducir, es decir, transcribir, para algunos materiales particulares, resultaría displacentero. En otras palabras, La escritura entre instancias puede ser dolorosa, si igualamos displacer y dolor. Y, yendo más allá, podríamos preguntarnos si la escritura es dolorosa o displacentera.

Hacia el final de esta carta, Freud dirá que la represión no dependerá de la intensidad del displacer. Y pasará a presentar la relevancia de los “sucesos sexuales no inhibibles” en fases posteriores. Una compulsión corresponderá a las vivencias sexuales recordadas de fases anteriores y que se experimentaron con placer, y una represión donde fueron displacenteras. “La traducción a los signos de la nueva fase parece estar inhibida”[3]. Algo de la sexualidad pareciera no poder escribirse.

Por último, ese reordenamiento o retranscripción, que en nuestra lectura tomamos como escritura, sin duda corresponde a la noción de reelaboración (resignificación) a posteriori (retroactiva) [nachträglich, après-coup] que después tomará importancia en el trabajo clínico. Así, la escritura entre estratos reordena, reelabora o resignifica el material preexistente.

Planteamos entonces posibles relaciones entre los elementos siguientes: escritura, memoria, inconsciente, pérdida, traducción, displacer, represión, reelaboración y resignificación. Más aquello que no ha sido traducido aún o quizá permanezca intraducible.

Esta escritura no es, en definitiva y por obvias razones, la escritura como comúnmente la conocemos o pensamos. Eso ya lo sabíamos desde antes. Si volvemos a esta carta es precisamente a sabiendas de que nos puede decir algo sobre la escritura, pero una escritura de otro tipo, o un tipo diferente de escritura. Una escritura que se transcribe, traduce, ordena, y pierde. Una escritura que se produce sobre cierto material y del cual nos preguntamos si algo de ese mismo material no es también algo escrito: escritura sobre la escritura.

Dentro de estas ideas a desarrollar existe otra de suma importancia: por lo menos dos transcripciones son insusceptibles de conciencia. Nos aventuramos a elaborar la siguiente oración: la escritura – al menos en estos estratos psíquicos y en este contexto, el de la generación del mecanismo psíquico – es inconsciente. ¿Existe alguna relación entre esta escritura que se produce en los estratos del mecanismo psíquico y la escritura como vulgarmente la conocemos? Es decir, ¿existe relación entre la escritura psíquica y la escritura común?

Por último, por qué suponemos o planteamos tal posibilidad. Por el imperativo que la escritura adquiere para algunos sujetos, en particular en situaciones límites, entre vida y muerte. Algo tiene que ser escrito para poder ser “superado”. Y si la generación del mecanismo psíquico es propiamente lo que produce lo humano [esta sería otra cuestión por demostrar] por lo tanto está en relación directa con vida y muerte. En consecuencia nos preguntamos si algo de esa escritura se repite, vuelve, revive en situaciones límites. En otras palabras, si la escritura psíquica produce la vida, entonces la escritura común la sostiene, la hace posible, le da continuidad y movimiento. Si es así, qué es lo que retorna o insiste que debiera escribirse.

Bibliografía

Freud, Sigmund, Carta 52 en Fragmentos de la correspondencia con Fliess (1950 [1892-99]), Obras Completas, vol.1, 2ª ed. Argentina: Amorrortu, 1991


[1] Sigmund Freud, Fragmentos de correspondencia con Fliess, Carta 52, Obras Completas, vol.1, 2ª ed. Argentina: Amorrortu, 1991. p. 274

[2] Ídem, p. 275

[3] Ídem, p. 277

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