La letra y las dos vertientes del efecto significante

Nos acercamos a este escrito, La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud, que “no será éste pues un escrito a mi juicio” escribe Jacques Lacan, por el interés volcado hacia su título. Nos referimos a ese tema en particular de la letra, que, para mi sorpresa, ocupa sólo unos cuantos espacios dentro del texto, aunque esto, tal vez sea sólo en apariencia. Advertimos que los siguientes párrafos son un ejercicio para intentar digerir lo que hemos leído ahí, por lo que la mayoría de las veces estaremos simplemente parafraseando el texto y puede que el lector llegue a encontrarlo “inútil” y sin propuesta ni novedad alguna.

En el primer apartado, El sentido de la letra, el psicoanalista francés nos introduce en el tema diciendo que la experiencia psicoanalítica ha descubierto la palabra, instrumento del psicoanalista, que le da su experiencia y su material. Pero más allá de esa palabra, continúa, la experiencia psicoanalítica ha descubierto toda la estructura del lenguaje en el inconsciente. De aquí que la palabra sólo sea uno de los elementos de tal estructura. Plantear el inconsciente en términos del lenguaje resulta ser una invitación a revisar y repensar aquella idea de que el inconsciente es “la sede de los instintos”, formulación vulgar que cualquiera de nosotros hemos llegado a escuchar, incluso en cursos de posgrado. ¿Qué se puede decir de esto? ¿Qué simplemente no son “lacanianos”? Por lo que se verá, al parecer, ni siquiera freudianos.

La letra hay que tomarla al pie de la letra. Esta es una de las pocas y breves menciones a la letra tan puntuales que encontraremos en este escrito. Inmediatamente, una definición que no logramos aprehender aún: “Designamos como letra ese soporte material que el discurso concreto toma del lenguaje”. Pero más bien esta definición parece ser una crítica para quienes consideran que el lenguaje no se confunde con las funciones somáticas o psíquicas. Existe una razón para pensarlo así: que la estructura del lenguaje preexiste a la entrada que en él hace el sujeto. Que el lugar del sujeto “está ya inscrito en el momento de su nacimiento, aunque sólo fuese bajo la forma de su nombre propio”.

La piedra Rosetta

Existe una mención más de la letra en esos primeros párrafos, cuando dice que las afasias reparten sus déficits “según las dos vertientes del efecto significante de lo que llamamos aquí la letra, en la creación de la significación”. Suponemos, por lo que encontramos más adelante, que esas dos vertientes del significante son la metáfora y la metonimia. Pero no logramos establecer la relación con la letra. Planteemos esta dificultad en forma de pregunta: ¿cuál es la relación de la letra con el significante y sus dos vertientes?

Con ello, sin anunciarlo, nos introduce en la lingüística moderna, en la cual el lenguaje conquistó “su estatuto de objeto científico”. Para esto, la lingüística, lo mismo que “toda ciencia en el sentido moderno”, se constituyó con un algoritmo que la funda, aquel del significante sobre el significado. “El ‘sobre’ responde a la barra que separa sus dos pisos”.

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Esta lingüística moderna considera que el significante y significado corresponden a dos “órdenes distintos y separados inicialmente por una barrera resistente a la significación”. Aquí nos encontramos nuevamente con esta significación que, hasta el momento, dentro del texto, no nos ha quedado clara su función. En fin, esta separación entre significante y significado hará posible el estudio de las funciones del primero en “la génesis del significado”. Pero viene la crítica, calificando de ilusión, y el destacado es nuestro, que “el significante responde a la función de representar al significado”. Para ello introduce el ejemplo ya clásico del árbol, tomado del Curso de lingüística general de F. de Saussure. Y posteriormente ejemplificará cómo los significantes Caballeros y Damas “representan” al mismo significado: están sobre dos puertas iguales. ¿Qué pasó aquí? ¿Dónde quedó la correspondencia entre ambos órdenes? ¿Qué pasó con la función del significante de representar al significado: dos significantes distintos representando al mismo significado? De aquí Jacques Lacan pretende mostrar que “el significante entra de hecho en el significado”. Y que la “génesis del significado” es independiente de aquello que el significante supuestamente representa.

Vemos cómo el significante ocupa un lugar primordial en este apartado del texto. Dirá entonces: “la estructura del significante es que sea articulado”. Esto implica dos condiciones. La primera es que el significante se reduzca a elementos diferenciales últimos, que en lingüística son denominados fonemas, y que esos acoplamientos diferenciales se realicen en un sistema sincrónico, necesario “para el discernimiento de los vocablos en una lengua”. Y aquí viene una nueva mención de la letra, que sigue pareciéndonos difícil de descifrar: “Lo que llamamos la letra, a saber, la estructura esencialmente localizada del significante”. La segunda condición o propiedad es la de “componerse según las leyes de un orden cerrado”, donde el término de cadena significante puede ayudarnos a pensar: “anillos cuyo collar se sella en el anillo de otro collar hecho de anillos”.

El lugar del significado en la lengua ha pasado a segundo término pues “sólo las correlaciones del significante al significante dan en ella el patrón de toda búsqueda de significación”. Y aquí, no sin darnos cuenta, hemos utilizado como sinónimos significado y significación, pero tratándose de un autor – al igual que Sigmund Freud – tan cuidadoso de cada una de sus palabras, no puede ser así. Pareciese que significación resulta de la estructura del significante: estar articulado. La significación es resultado de la articulación de los significantes, mientras que significado, como vimos, podría ser aquello supuestamente representado por un significante, ¿sin articular con otro?

Ahora bien, creemos que lo anterior puede conducirnos a pensar que la articulación de los significantes sí podría representar el significado, el sentido del sentido, el significado o sentido verdadero. Es decir, que esa ilusión de que el significante representa al significado deje de ser así y se convierta en algo real. El autor nos advierte sobre ello: “La noción de un deslizamiento incesante del significado [¿significación o significado?] bajo el significante se impone” y “Ninguno de los elementos de la cadena consiste en la significación [¿significación o significado?] de la que es capaz en el momento mismo”. Lo decimos de otra manera: ninguna significación es total, no existe articulación significante final, última. No existe el significante verdadero o de mayor valor, más no quiere decir que en algún momento sí se presenten así en sus articulaciones con lo imaginario. Aquí señalemos un punto que nos viene fuera del texto pero que precisamente por este, es que se nos presenta: sí hay un significante, digamos, privilegiado, el significante fálico, aquel que ocuparía un lugar especial por ser el que posibilita toda significación. Esta proposición, según leímos en el Diccionario introductorio de psicoanálisis lacaniano de Dylan Evans, fue criticada por Jacques Derrida.

Esta cierta autonomía, independencia y libertad del significante que mencionamos anteriormente [a propósito de las celebraciones de Independencia en nuestro país] y que “descubre esta estructura de la cadena significante es la posibilidad que tengo […] de utilizarla para significar muy otra cosa que lo que ella dice”. Muy otra cosa nos parece una forma cordial de decirlo. Una forma, si se quiere, formal. Una forma de decir que el significado [¿o la significación?] es otra de aquella que pretendo. Que lo que pretendemos decir, escapa a nuestra intención. “(Si CABALLEROS y DAMAS estuviesen escritos en una lengua desconocida para el muchachito y la niña, su discusión no sería por ello sino más exclusivamente discusión de palabras, pero no menos dispuesta por ello a cargarse de significación”). Como si, sin importar lo que ahí dice, algo va a suceder, algo se va a producir: una discusión, una significación. Por cierto, todo esto “no puede operar sino estando presente en el sujeto”. Sentencia ante la que quedamos mudos por ahora.

Hacia el final de este primer apartado, Jacques Lacan dará nombre a estas funciones [las dos condiciones ya mencionadas] del significante: la metonimia y la metáfora. O, en otras palabras, las dos vertientes del “campo efectivo que constituye el significante, para que el sentido tome allí su lugar”. Aquí pareciera que nuevamente se confunden, o confundimos, lo que es el significado, la significación, y ahora, el sentido.

“La parte tomada por el todo, nos decíamos efectivamente, si ha de tomarse en sentido real”, cosa que no hará Jacques Lacan, pues esa parte por el todo no tiene está en otro sitio que en el significante, “y que es esa conexión palabra a palabra donde se apoya la metonimia”. Esto a partir de que treinta velas no corresponden necesariamente a treinta barcos: “que un barco sólo tenga una vela es en efecto el caso menos común”. La otra vertiente, la de la metáfora, “brota entre dos significantes de los cuales uno ha sustituido al otro tomando su lugar en la cadena significante, mientras el significante oculto sigue presente por su conexión (metonímica) con el resto de la cadena”. “Una palabra por otra, tal es la fórmula de la metáfora”.

Y un par de menciones más sobre la letra en el final de este apartado: “Pero ¿no sentimos acaso desde hace un momento que, por haber seguido los caminos de la letra para alcanzar la verdad freudiana, ardemos, que su fuego se prende por doquier?” y “Sin duda la letra mata, como dicen, cuando el espíritu vivifica. No lo negamos, habiendo tenido que saludar aquí en algún sitio a una noble víctima del errar de buscar en la letra, pero preguntándonos también cómo viviría sin la letra el espíritu. Las pretensiones del espíritu sin embargo permanecerían irreductibles si la letra no hubiese dado pruebas de que produce todos sus efectos de verdad en el hombre, sin que el espíritu intervenga en ello lo más mínimo”.

Y, entonces, ¿qué es la letra? Pareciera que nuestros intereses y lecturas habían dejado de lado este pequeño asunto y se habían enfocado más bien a los “grandes” conceptos del psicoanálisis lacaniano: los tres registros, el deseo, el goce, el significante, etc. Lo cual no quiere decir que podamos dar cuenta de ellos de manera magistral, pero al menos no nos sentimos tan perdidos como en relación con aquella.

Bibliografía:

Lacan, Jacques, La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud, en Escritos 1, trad. de Tomás Segovia, 3ª ed. rev. y corr. México: Siglo XXI, 2009

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