Algunos apuntes sobre el seminario de “La carta robada”

[Revisión, 14 de sep de 2017. Repetición: Estos apuntes ya los había compartido en hablarser. Ahora los reviso y comparto nuevamente pues cierto interés me empuja una vez más a él(los). Los comentarios y supresiones añadidos, desde el mismo título hasta las notas, irán entre corchetes.]

Así como el significante abandona su lugar a riesgo de regresar circularmente, nosotros abandonamos textos y autores para regresar a ellos nuevamente. En esta ocasión nos vemos empujados a una nueva lectura del texto que inaugura los escritos de Jacques Lacan. Sin mayor preámbulo compartimos a continuación algunos apuntes y comentarios que resultaron de esto.

El concepto fundamental de este escrito no es necesario descifrarlo [“buscarlo”], está al inicio del texto: el automatismo de repetición. Por lo que sabemos de lecturas previas, Sigmund Freud presentó y argumentó la cuestión de la repetición de manera más extensa y controvertida en el texto Más allá del principio del placer, donde leemos que la pulsión de muerte insiste en su satisfacción, es siempre parcial e indomeñable [antes habíamos escrito: “y de una insistencia indomeñable”]. Esta repetición e insistencia serán, desde la lectura de Jacques Lacan y en este momento de su obra, de la cadena significante, donde además ubica la ex-istencia del sujeto. Llama nuestra atención y nos preguntamos sobre el lugar que el automatismo de repetición ocupa en el corpus psicoanalítico para que Lacan le dedique este acto solemne de inaugurar sus escritos. Tratemos de responder por esta importancia con nuestra lectura y reflexión.

Si el psicoanálisis es una práctica clínica y este es un escrito sobre aquel, vale preguntarnos también sobre qué es lo esencial de aquella y su relación con el automatismo de repetición. Jacques Lacan nos responde que las incidencias imaginarias, no son lo esencial de la experiencia analítica. Esto se debe a que las incidencias imaginarias son inconsistentes a menos que se las refiera a la cadena simbólica. Hasta este punto podemos pensar entonces que la cadena simbólica – y su insistencia – es parte esencial de la experiencia analítica ya que conecta y orienta las incidencias imaginarias. Aún más, la cadena significante determina los efectos en el sujeto. Estos efectos imaginarios son nombrados también por el psicoanalista francés como sombras y reflejos de la cadena significante. Otros efectos que también menciona y no trabajará en este texto están la forclusión, la represión y la denegación. Hasta aquí nos resulta claro que el automatismo de repetición es un concepto articulado con el de cadena significante y sus incidencias imaginarias.

Sigue ahora qué tienen que ver estos conceptos con el cuento de La Carta Robada. En palabras de Jacques Lacan, la pregunta gira en torno a cómo reconocer un automatismo de repetición en este módulo intersubjetivo, en estos “sujetos revelados en su desplazamiento en el transcurso de la repetición intrasubjetiva determinada por el lugar que viene a ocupar el puro significante”. Leemos en esta cita que el automatismo de repetición se reconocerá por los efectos que el significante (la carta) tendrá en cada sujeto debido a sus desplazamientos. Esto resulta más evidente e interesante si recordamos que no sabemos acerca del contenido de la carta, [de la misma manera que] desconocemos el “contenido” del significante y sin embargo algo produce[n].

La Carta Robada de Edgar A. Poe
Escenas finales de La Carta Robada

En el momento que menciona que el significante tiene relaciones singulares con el lugar pensamos que se refiere a lo dicho en el párrafo anterior, es decir, que los efectos del significante no son los mismos para todos nuestros personajes, pensando a estos como lugares. Tratemos de ser más claros: la misma carta (el significante) produce efectos diferentes en cada sujeto. Siendo la misma carta la que va pasando por diversas manos, sus efectos no serán los mismos en cada uno de ellos. De aquí que podamos decir que el significante – en necesaria articulación con otros por definición – puede ser el mismo y producir efectos diferentes a la vez. Planteado como pregunta es: ¿Cuáles son los efectos que tiene la carta en cada uno de estos personajes? De momento no nos interesamos por esos efectos, sino por la cuestión sobre qué los produce.

Más adelante encontramos una frase que parece contradecir lo expuesto en el párrafo anterior: el significante es unidad por ser único. Se nos hace una oración difícil pero arriesgamos en nuestro comentario. Entendemos que es “único” como elemento estructural y por sus efectos, también por su “contenido” que a la vez [necesariamente] es diferente de otros. En relación con la carta, podemos decir que es “única” en este relato, y los efectos sobre estos personajes también lo son, pero sin dudar de que existan otras, como se hace notar al inicio del cuento, cuando se menciona que está entre muchas más. Añadimos un comentario a esto pues nos resulta sumamente curioso cómo puede armarse toda una ficción en torno a una carta cuyo contenido no se da a conocer y no es necesario hacerlo. Así, el significante y su dinámica producen ficciones distintas a pesar de ser el “mismo” en cada sujeto y sin que lleguemos a tener noticia de su “contenido”.

El significante determina la existencia de los sujetos. De manera magistral lo encontramos expuesto en el siguiente párrafo:

“Si lo que Freud descubrió y redescubre de manera cada vez más abrupta tiene un sentido, es que el desplazamiento del significante determina a los sujetos en sus actos, en su destino, en sus rechazos, en sus cegueras, en sus éxitos y en su suerte, a despecho de sus dotes innatas y de su logro social, sin consideración del carácter o el sexo, y que de buena o mala gana seguirá al tren del significante como armas o bagajes, todo lo dado de lo psicológico.” [El Seminario de La Carta Robada, Jacques Lacan en Escritos 1]

Este párrafo nos ayuda a diferenciar y aclarar algo que resulta básico. Lo mencionamos por su relevancia para ampliar nuestras reflexiones, además de parecer contradictorio con todo lo anterior: La carta no determina a los sujetos (!). Si la carta – la carta como tal, el papel, la tinta, el sobre, el sello – tiene efectos sobre los sujetos es porque previamente existe un lugar que viene a ocupar y que le permite eso. En otras palabras, podría ser un llavero, una moneda, una grabación o un celular el que ocupara el lugar de la carta e igualmente producir efectos, claro, en otro cuento. ¿Es el automatismo de repetición y la dinámica significante lo que permite que los objetos tengan sus efectos en los sujetos? Son aclaraciones y preguntas nimias, pero que sirven para colocarnos definitivamente en algo que también por considerarse obvio muchas veces es omitido: estamos en el terreno de la actividad psíquica, y si los objetos tienen estos efectos es por la estructura que lo permite. No estamos en el campo de los objetos o de la biología ni de las neurociencias, como bien Sigmund Freud lo había aclarado en el capítulo VII de La Interpretación de los Sueños.

El párrafo citado es pequeño pero extenso en implicaciones. Tomémoslo en serio, ya que el condicional del inicio es una invitación que algunos creen tomarla así y fundamentar su práctica en ello, cuando en realidad la ilusión del saber y la libertad sigue dirigiendo su actuar. Si el significante determina al sujeto, ¿cómo el analista da lugar a esto en su vida y práctica? ¿Hasta dónde se da lugar a que lo hecho, soñado, anhelado, rechazado, visto, no visto, está determinado por el significante? Y que, de tomarlo en serio, existen otros determinantes que no modifican eso: status social, género, educación. Estos últimos pueden hacer [preferimos en este momento decir jugar] su papel en el yo, pero sabemos que esta imagen también está determinada [en parte] por el orden simbólico.

Continuando encontramos que el significante es símbolo de una ausencia, lo cual señala la desemejanza entre el orden simbólico y las cosas: el significante ahora está en lugar de la cosa; también lo hemos encontrado con aquella otra frase de que la palabra mata a la cosa. El significante es símbolo de la ausencia de la cosa y de alguna manera no tiene relación con ella pues la relación del significante será con otros significantes. De aquí que cuando buscamos su definición dentro de la literatura lacaniana, solo se le encuentra como un significante es lo que representa a un sujeto para otro significante. En esta definición no aparece la cosa, el objeto: la relación no es con estos como con aquellos.

Seguimos desplazándonos [destacado para esta revisión] por el texto, así como la carta circula por los personajes: “El significante no se mantiene sino en un desplazamiento debido a su funcionamiento alternante en su principio, que abandone su lugar a riesgo de regresar circularmente”. Lo cual nos regresa al concepto central de este texto y que si bien, existe un punto de almohadillado que permite la significación, no quiere decir que el significante deje de desplazarse. El corte mismo permite nuevos desplazamientos y significaciones.

            El significante se desplaza y además nos posee[1]: “Al caer en posesión de la carta – admirable ambigüedad del lenguaje – es su sentido el que nos posee”. Preguntémonos: ¿nuestros personajes hacen lo que quieren con la carta o creen que hacen lo que quieren con ella? ¿Será más bien que la carta hace de ellos lo que quiere? Un psicoanálisis pasa forzosamente por estas vicisitudes, las de reconocerse habitado por algo extraño a uno, pero sin lo que ni siquiera uno podría pensarse o existir. Algo que nos arrastra inevitablemente, que nos empuja y que en última instancia no tiene sentido por sí mismo. ¿Qué significa o qué es mi nombre si no se articula con mis apellidos? Jacques Lacan escribe: “El hombre está habitado por el significante”.

En la Introducción menciona cómo algunos que se denominan psicoanalistas desestimaron el automatismo de repetición al pensarlo solo como un añadido, algo que podría tal vez coronar el edificio doctrinal del psicoanálisis. Y afirma que no es un simple dato. Vale la pena revisar qué fue lo que estos psicoanalistas argumentaron y produjeron a partir de la proposición de Sigmund Freud. Sabemos que la propuesta de una pulsión de muerte[2] produjo nuevas separaciones y rompimientos con el inventor del psicoanálisis en su momento. Y por más que escribiésemos creemos que no dejaríamos suficientemente claro lo que implica un automatismo, determinismo y la repetición. Nosotros mismos no dejamos de sorprendernos. Queremos decir esto y algo más: no importa cuánto estudiemos, analicemos, repitamos, cuestionemos, neguemos, aceptemos, reconozcamos, no importa qué hagamos, es una cuestión de la que no participamos y sin embargo vivimos, nos determina y somos responsables de sus efectos, y se repite sin que podamos detenerla. ¿Con esto vamos dando cuenta de la importancia del automatismo de repetición en el corpus teórico, práctica y formación psicoanalítica?

Freud trata de dar cuenta, a través del juego del fort-da, de cómo el orden simbólico determina al animal humano. Este orden simbólico anula la propiedad natural del objeto y lo captura en su orden, en sus condiciones. No es nuestro juego, no son nuestras reglas. Vaya, ni siquiera en la fantasía somos libres como creemos, o como fantaseamos, valga la redundancia. [¡Incluso cuando fantaseamos con la libertad!] Si la fantasía es una de esas incidencias imaginarias mencionadas arriba, están por tanto determinadas por una cadena significante. Algunos de buena manera aceptan que sus vidas están determinadas hasta cierto punto por la economía de los mercados internacionales, por las decisiones de sus gobernantes, por elementos imprevistos, por fenómenos naturales o genéticos, de los cuales obviamente dicen no ser responsables, y hasta cierto punto tienen razón, pero no parece ser tan trágico en tanto guarden un pequeño recoveco en el que sienten [que] son libres y no están dispuestos a abandonar. Estos por supuesto no toman en serio el descubrimiento freudiano. El analista que cree que a pesar de este automatismo de repetición de la cadena simbólica tiene un poco de libertad y que por “ser” analista, o por vayan ustedes a saber qué “rarismo” narcisista, está exento de ello, está claro que no puede ocupar ese lugar. Como tampoco un analizante puede ser tal sin darle cabida a ello.

No basta, como decíamos, con reconocer este automatismo de repetición. Se puede ser buen lector de psicoanálisis conociendo y estudiando estos conceptos, pero [¿ser?] ¿psicoanalista? Creemos que tampoco es el dejarse llevar y experimentarlo, sino el reconocer que nos lleva y lo experimentamos, a pesar de nosotros. No es “yo elijo, yo decido”, sino el reconocer que esa decisión ya estaba tomada (determinada) desde antes que sea[mos] consciente de ello. Como con aquella frase que le reconocen a Julio Cortázar acerca del amor: no haremos el amor, él nos hará. Lo cual suena una maravilla hablando de este tema, pero en psicoanálisis se trata de tomar esta propuesta de un determinismo inconsciente en serio para la totalidad de la vida psíquica, en “todo lo dado de lo psicológico”, como escribe Jacques Lacan.

Bibliografía

Lacan, Jacques, Escritos 1, trad. de Tomás Segovia, 3ª ed. rev. y corr. México: Siglo XXI, 2009

Notas

[1] ¿En verdad nos creemos que revisamos este escrito porque así lo decidimos? No somos [aquí eliminé la palabra “tan”] ingenuos ni libres en la elección de un tema. Libertad que algunos no se cuestionan, al realizar por ejemplo, investigación “científica”.

[2] Recientemente leímos – que no es lo mismo que trabajarlo – un texto que nos pareció sumamente interesante y que nos da una cátedra de forma de trabajo sobre un concepto, precisamente sobre la pulsión de muerte, titulado La muerte y su pulsión de Juan Vives Rocabert  de la Editorial Paidós, y cuya lectura nos parece obligada. Además de ser un trabajo reciente y enriquecedor.

2 respuestas a «Algunos apuntes sobre el seminario de “La carta robada”»

    1. Hola, Miguel. Qué gusto saber que te han sido de utilidad, sobre todo considerando la diversidad y cantidad de materiales que están disponibles en Internet. Por esto mismo aprecio más tu comentario y te mando saludos dondequiera que te encuentres.

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