La enseñanza del psicoanálisis en la Maestría en Clínica Psicoanalítica del CESTEM

Resúmen

Trabajo presentado durante el Segundo Coloquio de la Maestría en Clínica Psicoanalítica: Formación, enseñanza y transmisión en el psicoanálisis, que tuvo lugar el día 8 de diciembre de 2018 en el auditorio del CESTEM.

A dos años del Primer Coloquio en Clínica Psicoanalítica, cuando la maestría apenas era un proyecto, y a menos de uno de que se gradúe la primera generación, me permito hacer algunos comentarios en torno a la enseñanza que tiene lugar en ella actualmente y que, a mi parecer, ha tomado un giro radical en comparación con sus inicios.

Para nuestros comentarios nos serviremos de tres textos: 1) El fracaso de Lacan de Alfredo Eidelsztein, trabajo que señala algunos puntos de la enseñanza de Lacan que han sido trivializados por una parte de seguidores, situación ante la cual la maestría intenta asumir otra posición, 2) Las resistencias contra el psicoanálisis de Sigmund Freud donde afirma su compromiso con la formación científica, aspecto relevante que también se está poniendo en juego en este espacio, y 3) Mi enseñanza de Jacques Lacan, donde veremos que las críticas dirigidas a los psicoanalistas de aquel momento continúan siendo vigentes, y que el fracaso de su enseñanza, por lo tanto, también. Por último añadiremos algunas reservas a dicho programa.

Palabras clave: clínica, enseñanza, formación, fracaso, inconsciente, pensamiento, psicoanálisis, transmisión

Introducción

El Primer Coloquio de la Maestría en Clínica Psicoanalítica se realizó hace un par de años. En dicho evento participamos una docena de colegas que teníamos en común, aparte de nuestro interés por el psicoanálisis, cierta historia. Compartíamos haber transitado por un estilo de formación y pensamiento particulares. Un estilo que, como veremos, suscribe las críticas que más adelante mencionaré. Un estilo, una línea, y por lo tanto un sentido, que, hasta donde mi experiencia me permite saber, es representativo en la transmisión, enseñanza y práctica del psicoanálisis lacaniano. Así, bajo tales circunstancias, el proyecto de maestría, el coloquio y sus invitados, nos daban una idea de la enseñanza por la que se encaminaba, aún antes de iniciar sus actividades formalmente. Recordemos que en ese entonces la maestría era apenas un proyecto.

Podría pensarse que el rumbo de la maestría estaba definido en gran parte hasta ese momento: servirse de los analistas más reconocidos con formación lacaniana, con mayor número de publicaciones y experiencia académica. En otras palabras, alinearse a la tradición que imperaba, invitar a participar en los eventos y en la academia a aquellos que se supone detentan un saber de la obra de Lacan. Hasta ahí, las intenciones del proyecto de maestría estaban claras, o al menos así me lo parecían: colocarse como un espacio más, uno más, para la transmisión del psicoanálisis lacaniano. Sin embargo, seis meses antes de ese coloquio, otro evento había tenido lugar y produciría su sentido a posteriori. [O será que el coloquio resignificó a aquel. Como sea.] Los responsables del proyecto de la maestría junto con otros compañeros habíamos asistido al seminario que Alfredo Eidelsztein impartió en el Tecnológico de Monterrey en la Ciudad de México.

El fracaso de Lacan

Como algunos de ustedes sabrán, este psicoanalista argentino ha denunciado en sus ponencias, textos y artículos aquello que ha denominado como lacanismo, psicoanalistas poslacanianos o psicoanalistas freudolacanianos. Este estilo de enseñanza consiste principalmente en una lectura, recepción y transmisión de la enseñanza de Jacques Lacan que se caracteriza principalmente por anular sus innovaciones y propuestas. Señala los principales puntos de su diagnóstico en su artículo El fracaso de Lacan. Ahí, entre otras cosas, nos recuerda la ironía del éxito de Lacan tras la publicación de sus Escritos y el fracaso que sufrió su enseñanza: los escritos habían tenido mucho éxito pero quienes los compraban no los leían.

Alfredo Eidelsztein, tercero de izq. a der., entre los coordinadores de la maestría en clínica psicoanalítica y otros asistentes a su seminario.

Lacan, siguiendo el texto de Eidelsztein, se lamentará de que sus planteos más notables no tuviesen eco entre sus seguidores. Con ello señalaba las resistencias hacia su enseñanza por parte de los psicoanalistas, por ejemplo al no suscribir que el psicoanálisis es una ciencia porque consideran que entre aquel y esta existe un antagonismo. Señala también su fracaso en lo referente a los temas del cuerpo, el goce y la pulsión, pues se ha insistido en su biologización y sustancialización, es decir, en esa insistencia de reducirlos y ubicarlos en el cuerpo, considerando que eso sería regresar a lo más freudiano de lo freudiano. Denuncia el error de los poslacanianos de querer hacer equivalentes algunos términos de Lacan con los de Freud, por ejemplo goce con pulsión.

Esta tendencia de querer acoplar los términos de Lacan con los de Freud omite lo que el primero pensaba respecto al inconsciente: “el inconsciente es lo nuevo y es lo nuevo siempre”. Omitir esto es creer que la enseñanza de Lacan retorna a Freud para volver a Freud y quedarse ahí, y no, por el contrario, retornar a Freud para “ir hacia adelante”, hacia algo nuevo. “Volver a Freud” implicaría la detención del pensamiento en psicoanálisis, mientras que el intento de Lacan era ponerlo en movimiento. Como ya dijimos, se ha querido asimilar el proyecto de Freud y el de Lacan, como si este último no hubiese más que repetido, de otra manera, de una manera diferente, lo que dijo Freud. No es así, por ejemplo es imposible escribir “pulsión del Otro”, dice Eidelsztein, entre otras cosas.

Lacan fracasó cuando su mensaje ya había llegado y ganado enorme popularidad: fracasó cuando sus best-sellers no se leyeron. Así, para poner en movimiento el pensamiento en psicoanálisis había que poner en el banquillo al propio analista, analizar al analista, renovar el estatuto del inconsciente, el cual es lo nuevo siempre, volver a Freud es volver a lo nuevo, a diferencia del lacanismo que, en opinión de Eidelsztein, es un movimiento sumamente conservador y cerrado a la novedad. No hay Apertura.

Las resistencias contra el psicoanálisis

Freud también había notado estas resistencias hacia lo nuevo. El texto Las resistencias contra el psicoanálisis inicia exponiendo cómo lo nuevo exige un gasto psíquico a la vida anímica que produce displacer, y en otros casos angustia. Muestra su interés por plantear como objeto de estudio la reacción anímica frente a lo nuevo. Lo nuevo, entonces, exige un trabajo y gasto psíquico que pude resultar displacentero o angustiante y esta reacción encontraría su justificación en la inseguridad e incertidumbre que las nuevas situaciones imponen a la vida anímica.

Nos preguntamos si pasará algo así con la enseñanza de Lacan. Creemos que sí, por el hecho de ser algo nuevo, lo nuevo siempre, y por no poder brindarnos ninguna seguridad ni sentidos fijos que nos tranquilicen. No nos brinda asideros donde reposar el pensamiento y reencontrar la comodidad perdida. Freud, categóricamente, declara que «en la empresa científica no debería haber espacio para el horror a lo nuevo», cita que suscribimos y que seguramente Lacan también lo haría. En los textos lacanianos hay algo que horroriza pues nos arrebata la seguridad del pensamiento cotidiano y del sentido común. ¡En Lacan el sentido está agujerado! Creemos que, en parte, por eso se rechazó su enseñanza y se vulgarizó como sucedió con la de Freud. Si la apuesta de Freud y Lacan es científica, no habría por qué horrorizarse.

En otras palabras, lo que nos está diciendo Freud es que nuestra reacción anímica ante lo nuevo, en tanto no sabemos qué nos depara, es como la de un niño ante un extraño y busca de inmediato el regazo de la madre para sentirse seguro. Reacción “primitiva” o resistencias que tienen los médicos y filósofos de su tiempo ante sus descubrimientos e inventos del inconsciente, “científicos” que medían con su propio rasero la nueva ciencia del psicoanálisis. Añadirá más adelante que «la actitud de los hombres hacia el psicoanálisis sigue gobernada por esa angustia que desata las pasiones y menoscaba los requisitos de la argumentación lógica.» Es decir, que aquellos “científicos” sustentaban sus rechazos teniendo como base su pasión más que la argumentación. Cabe hacer notar que el compromiso de Freud, es por una disciplina científica.

Mi enseñanza

Pasemos ahora a Lacan y preguntémosle qué nos puede decir acerca de su enseñanza y el fracaso que esta sufrió justo en el momento en que contaba con mayor éxito. El breve texto de Mi enseñanza incluye tres cortas conferencias que dio ante diferentes públicos. Las conferencias llevan por nombre Lugar, origen y fin de mi enseñanza, Mi enseñanza, su naturaleza y sus fines y Entonces, habrán escuchado a Lacan. Señalaré algunos puntos que me parecen relevantes para continuar nuestra exposición.

Un tema atraviesa las tres conferencias: “el inconsciente es lo nuevo y es lo nuevo siempre”, y que Lacan fracasó en transmitir, pues así se lo hicieron saber sus alumnos. Lo nuevo ante qué, nos preguntamos. Lo nuevo ante ese modo gastado y fácil de hablar del psicoanálisis y del inconsciente y que ha tenido las siguientes consecuencias: ha dejado de sorprender, ya no se le presentan objeciones, se le acepta y reconoce sin mayores resistencias. Todo el mundo sabe lo que es y de qué se trata. Ya “no asombra a nadie”, así de categórico. Se ha dicho y repetido tanto que termina trivializándose. Es muy fácil verificar que se habla del inconsciente de esta manera. No hay problema en ello, lo molesto para Lacan es que los psicoanalistas no sepan lo que es el inconsciente.

No saben qué es el inconsciente freudiano. «El inconsciente freudiano no tiene nada que ver con lo que hasta ese momento se llamó «inconsciente».» El inconsciente es lo nuevo, entonces no puede repetirse de la misma manera como lo repite el discurso común. Y Lacan quiso demostrarlo con su enseñanza imponiéndose cada semana, durante sus seminarios, “no repetir nunca lo mismo y no decir lo que ya es habitual”. Eso no es tan fácil. Además no buscó allanar el camino para los psicoanalistas que no saben. Quiso evitar lo que sucede en la Universidad: está hecha para “que el pensamiento nunca tenga consecuencias”. Continúa. No saben lo que es el inconsciente porque leen con una lupa opaca, y eso está bien, si lo que buscan es estar tranquilos y no, por el contrario, adentrase en “terrenos muy escabrosos”.

Lacan se impuso como regla, como imperativo, no decir nunca las mismas cosas, o al menos no repetirse mucho. Sin embargo, no pudo evitar que su enseñanza quedara reducida y entrara en el consumo corriente. Hubo quienes se esforzaron para que entrara en “ciertos cuchicheos de aprobación” para seguir sosteniendo las convicciones dominantes de una sociedad ligada a quién sabe qué buenas costumbres. Su enseñanza fue mezclada y homogenizada por un movimiento cultural hasta reducirla y hacerla “comunicante con todo”. ¡Fue un gran esfuerzo por parte de algunos que al inicio no sabían por dónde agarrar su obra, pero lo lograron! Pusieron su enseñanza en la circulación general. Hallaron la forma de hacerlo aunque Lacan no los haya ayudado.

En sus Escritos, que califica como desechos, mojones o mierda, reunió algunos puntos de referencia para los psicoanalistas. Intentó, con esa producción, poner una nueva mierda en circulación. ¡Fracasó! Sus escritos se volvieron una mierda común, que podía circular sin mayor ruido ni problema. Circularon sin atentar a las buenas costumbres del pensamiento y se les colocó junto a los estructuralistas y otros lectores corrientes. Seguramente hemos escuchado alguna vez que el estilo de Lacan en sus Escritos es difícil, pero había una intención muy clara en hacerlo así: que su enseñanza no cayera en la trivialización como sucedió con Freud.

El inconsciente es lo nuevo, “el psicoanálisis significa eso” y «no hay uno solo de estos cursos que se haya repetido», afirma Lacan. Y si el inconsciente es lo nuevo siempre, entonces «el psicoanálisis es una oportunidad para recomenzar.» Habrá que continuar, que seguir y esperar a que puedan escuchar, porque a los psicoanalistas, al igual que a los discípulos de Aristóteles, ni les viene ni les va lo que el maestro diga. Qué quiso enseñar Lacan y qué es aquello que sus alumnos no escucharon: que su retorno a Freud no era para volver a Freud, sino para poner en circulación un pensamiento nuevo.

Lacan se burlaba de la voracidad de aquellos que lo escuchaban y querían engalanarse con sus plumas y fórmulas para escribir “articulillos con fundamento”. En efecto, había analistas que lo escuchaban, pero que no lo escuchaban “suficientemente bien” como para dar los “pasos esenciales que aún estamos esperando en el análisis y que […] lo harían avanzar de nuevo”. Es clara entonces la acusación de Lacan: el psicoanálisis circula como una mierda común que ya no sorprende ni hace ruido, pues los psicoanalistas ignoran que el inconsciente es lo nuevo y es lo nuevo siempre, y su enseñanza, que precisamente pretendía poner en circulación unos desechos nuevos, fue reducida y homogenizada. Se quedó solo en sus innovaciones, nadie lo siguió. El diagnóstico es claro: el pensamiento en psicoanálisis está atorado y habrá que esperar a que esos psicoanalistas escuchen lo suficientemente bien para para ponerlo de nuevo en movimiento.

La maestría en clínica psicoanalítica

Regreso a nuestro tema principal. Decía entonces que el primer coloquio, bajo las circunstancias de la formación de los participantes y estilo de enseñanza, colocaba el proyecto de la maestría dentro de cierta tradición de transmisión del psicoanálisis lacaniano. Y si suscribimos las críticas de Eidelsztein podemos decir que tal estilo y tradición se extienden en varios países de habla hispana. Sin embargo ya se contaba con un antecedente que la iría descolocando hasta su posición actual. Aquí añado otro: este año contamos con la presencia de Juan Manuel Martínez para brindar un seminario sobre clínica psicoanalítica y compartir su libro El concepto de transferencia en los Escritos. Este otro psicoanalista argentino suscribe gran número de las críticas de Lacan y de su compatriota, además define su postura como la de un psicoanálisis heterodoxo.

La maestría se está inscribiendo en esa línea crítica de pensamiento que busca sacar de su trabazón y charlatanería al pensamiento psicoanalítico y hacerlo avanzar de nuevo. Una vía son los mojones de Lacan, que fueron Escritos precisamente para los psicoanalistas. Otra, los psicoanalistas que se colocan críticamente ante otros psicoanalistas, poniéndolos en el banquillo. Una más es poniendo en circulación unos desechos nuevos, asumiendo, por qué no, el imperativo de no repetirse nunca, o por lo menos no mucho para no volver a decir nunca las mismas cosas. Y para no volver a Freud tampoco, si no es para ir hacia adelante. Ser lacaniano, en este sentido, sería no repetir a Lacan, o, repetirlo en su imponerse no repetir las cosas. Y otra, dejar de leer con lupas opacas y evitar el estilo suave y reduccionista que desecha las innovaciones y que nos allanaría el camino en estas tareas.

Suscribo todo lo anterior, a condición de una tercia de reservas. La primera, que resulta habitual en estos casos, ya repetida, pero no por ello inesencial: salvaguardarse de creer que contamos con la enseñanza y lectura correctas. Nadie tiene la medida de tales cosas. Estoy seguro de que han escuchado esto una y otra vez, lo saben, saben que es así. No basta decir que hay diferentes lecturas, multiplicidad de sentidos e interpretaciones, es necesario decir además que el sentido está agujerado, al igual que la verdad. No hay sentido último ni ultimísimo de los textos. Estoy seguro de que saben todo esto. Lo interesante es preguntarnos si lo decimos por mera formalidad, porque se espera que se diga tal tipo de cosas en tal tipo de eventos o porque en realidad hemos caído en cuenta de que ninguna postura es soberana.

La segunda es que la posición de la maestría, que incluye a coordinadores, maestros y alumnos, esté sostenida sobre la lógica de sus argumentaciones. Es decir, que se sostenga sobre ese compromiso con las ciencias que Freud tantas veces expresó y practicó. Y no como los médicos y filósofos que rechazan, miden y critican desde su pasión despreciando la argumentación lógica. Iremos viendo si esta maestría, con todos sus involucrados, descansa sobre una “naturaleza intelectual” o sobre “fuentes afectivas”. En otras palabras, que la apertura que exista en este espacio no termine volviéndose cerrazón hacia otras propuestas, desconociendo su multiplicidad y diferencia no oposicional.

Una más, que más bien es un gusto. Que la solemnidad y la seriedad, por no decir otra cosa, que suelen asociarse con la práctica y pensamiento científico, no acaben por invadir el ánimo de los maestros y alumnos. Que el trabajo se lleve a cabo lejos de la pesadez y seriedad que acaban por matar cualquier intento de innovación o creatividad. Y por lo tanto, acabarían por cerrarse al inconsciente. Me gusta pensar que si Epicuro hubiese conocido el psicoanálisis, habría dicho igual que dijo respecto a la filosofía: cuando se psicoanaliza es preciso reír.

No sabemos qué va a pasar con todo esto ni qué sentido tiene. Su sentido se definirá después, o mejor aún, se está produciendo todo el tiempo a través de sus eventos, coloquios, seminarios, clases, maestros y alumnos. No sabemos si se logrará sostener la maestría durante generaciones o si su ruptura llegará intempestivamente. Como sea, no impide arriesgar para intentar hacer de ella un espacio para el inicio de una forma fresca y renovada de leer, transmitir y enseñar el psicoanálisis, y por qué no también otras disciplinas. Me parece que esa es la apuesta que actualmente se está haciendo para poner en movimiento el pensamiento en psicoanálisis. Ya veremos, nos enteraremos qué se va produciendo entre ese inicio y final de la maestría, entre un evento y otro, entre maestros y entre alumnos, entre un significante y otro, entre entre y entre.

Referencias

Eidelsztein, A. (2009) El fracaso de Lacan en El rey está desnudo. Revista para el psicoanálisis por venir. Año 1, No. 2

Freud, S. (1991). Las resistencias contra el psicoanálisis en El yo y el ello y otras obras (1923-1925). OC, T.XIX. Argentina: Amorrortu.

Lacan, J. (2007). Mi enseñanza. (N. González, Trad.). Buenos Aires: Paidós.

Lacan: el concepto de transferencia en los Escritos

El siguiente texto fue presentado el pasado 20 de abril durante mi participación en la presentación del libro Lacan: el concepto de transferencia en los Escritos del psicoanalista Juan Manuel Martínez en el CESTEM. También contamos con la participación de los psicoanalistas Dante A. Pérez Aguirre y Edmundo Vega Simont. Presentación que antecedió al seminario Desafíos clínicos: cómo intervenir en psicoanálisis.

Lacan: el concepto de transferencia en los Escritos

Una de las cosas que llamaron mi atención de inicio es el título mismo, pues no sólo dentro del psicoanálisis implica un riesgo hablar de conceptos. ¿Por qué? Porque un concepto suele pensarse como la definición de algo, lo cual implica el riesgo de cristalizar significados y, a la larga, desgastar las ideas o terminar volviéndolas incuestionables o dogmáticas. Me pregunto cómo pensar un concepto tan importante y equívoco como la transferencia. Concepto que además es utilizado, vayan ustedes a saber de qué forma, bajo qué justificación y construcción, en otras disciplinas de los campos psi. Aunque como bien nos lo dirá Juan Manuel, no es un concepto psicoanalítico tan vulgarizado como otros.

Libro de Juan Manuel Martínez: Lacan, el concepto de transferencia en los Escritos
Lacan – El concepto de transferencia en los Escritos

No es poca cosa trabajar de esta forma, sobre todo si consideramos que el mismo Lacan definía su vocabulario como una continua relación entre conceptos, es decir, cómo uno llevaba a otro y a otro y de vuelta, sin agotarse. En otras palabras, señalaba la imposibilidad de que un concepto pudiese cerrarse y definirse por sí mismo.

A partir del título también podemos pensar los límites de este trabajo que encuentra su marco en los Escritos de Lacan. Una apuesta interesante si hacemos caso de que los Escritos son resúmenes de las enseñanzas de los seminarios de Lacan. Así, Juan Manuel realiza un recorrido inverso, va de los Escritos a su seminario. Seminario en el daremos cuenta del trabajo tan detallado y minucioso que realiza, en palabras de Juan Manuel: «Les propongo que desmenucemos la cita»: Esta cita es una clave de su forma de trabajar.

Primer capítulo: Reproducción de las Imagos Primitivas

Escrito utilizado: La agresividad en psicoanálisis (1948). El autor se encarga de contextualizar el texto a revisar en cada capítulo, así como de hacer los paréntesis y las puntualizaciones adecuadas para entrar en su tema. En este caso con la cuestión de La agresividad.

Durante su exposición es claro al ubicar los diversos momentos del pensamiento freudiano, y nos brinda así esclarecimiento sobre lo que Freud trabajaba en cada uno de ellos, y cómo fue reelaborando sus ideas a lo largo de los años.

Un punto importantísimo a lo largo de todo el texto, y de debate para muchos, será encontrarse aquí con cuestiones técnicas. Juan Manuel las afirma sin más, existen las cuestiones técnicas, así como reglas claves del sistema freudiano. Sí, habla de técnica. Punto central de discusiones sobre si la práctica psicoanalítica tiene que ver con un «saber hacer» o con algo distinto, algo tal vez más cercano a un arte o misticismo inexplicable.

Juan Manuel también nos comparte y se sirve de sus experiencias y referencias personales, dándonos así un respiro de Freud y de Lacan. Por ejemplo, al hacer referencias que él llama pop cuando nos habla de la serie televisiva En terapia, de donde chuscamente nos dice que el personaje principal es un «psicoanalista, pero de Estados Unidos». ¿Es que ya los hay de acuerdo con su país de práctica o de origen? Parece ser que sí. Encontraremos referencias variadas, como la de El Principito en el tercer capítulo.

Después de contextualizar el escrito a revisar, entrará a trabajar las cuestiones de la transferencia de acuerdo con el momento (año) del texto y llamando a Freud cada vez que sea pertinente. Señala esos momentos importantes en que van construyendo la noción de transferencia.

El autor demuestra su excelente manejo y conocimiento que tiene de la obra de ambos psicoanalistas: en un momento se centra en el «aparato freudiano» para brindarnos sus comentarios y en otro momento continúa trabajando desde uno lacaniano. Y nos brinda claves: «La clave de la noción de transferencia es la intromisión del Otro, y sin ella no hay análisis. Sin transferencia no hay análisis.”

Habrá momentos en que no importa si alguna propuesta es correcta o incorrecta, lo que se intenta es comprender la propuesta: «Después analizamos si esto es correcto o incorrecto, estamos intentando comprender la propuesta de Freud. Freud, como cualquiera de nosotros, se pudo haber equivocado, pero él afirmaba eso.»

Parte del gran valor del trabajo de Juan Manuel es que toma los Escritos en su versión en español. Al comentarlos nos aclara algunos puntos importantes para comprender pasajes claves, por ejemplo, donde nos señala que hostil significa en ese caso contrario, y no, agresivo. No es poca la diferencia de sentidos que se pueden desprender de ello.

Nos encontraremos también con una de las definiciones más simples y claras de la ética del psicoanálisis, al menos a partir de ese momento del texto: «Entonces, la ética en el dispositivo funciona más o menos de esta manera: Ustedes llegan, él llega. Ustedes se presentan, él se presenta. Despliega su locura y los quiere meter en ella. Y ustedes dicen: «No».»

La escritura del autor es bastante amable, consideren por ejemplo encontrarse con frases como las siguientes: “Freud I, lo más básico.» O con un: «para ponerlo en términos de Lacan». O «así dicho, resulta muy freudiano.» Entre otras.

Y no pueden faltar, nunca en psicoanálisis, las cuestiones amorosas, cuyos comentarios al margen resultan bastante ilustrativos.

Habrá momentos en que Juan Manuel defina su postura claramente, por ejemplo, cuando se trata de la ética, la moral y el trabajo analítico: «A mí no me importa si éticamente deben o no prestarle los veinte pesos, porque el problema allí no son los veinte pesos. El problema es que no haya análisis. A mí lo que me preocupa es que no haya análisis, porque vuestra función es propiciar el análisis.» Es decir, señala las diferencias de la práctica psicoanalítica de aquellas de carácter moral o que buscan hacer el bien o que se fundan en una ética distinta.

Se apoya en su exposición invitándonos a imaginar cómo podría haber sido la práctica analítica de Lacan en ese momento de su enseñanza, de acuerdo con el año del texto citado: «Si ustedes hubieran ido al consultorio con Lacan en ese momento, probablemente, lo que él hubiera hecho es permitir que se desplegara vuestra locura para luego abstenerse, bien freudiano.»

Al final de algunos capítulos también nos ofrece una síntesis que cierra cada uno de ellos de manera clara.

Presentación del texto Lacan, el concepto de transferencia en los Escritos
Edmundo Vega, Dante A. Pérez, Juan Manuel Martínez y Ernesto A. Ocádiz

Segundo capítulo: La detención de la dialéctica

Escrito utilizado: Intervención sobre la transferencia (1951). Cada cita que nos presenta Juan Manuel es muy parecida a algún elemento del sueño. Su desciframiento implica un trabajo pues condensa varias cosas que hay que ir señalando poco a poco.

Juan Manuel toma posición como lector de Alfredo Eidelsztein, al menos en lo que a la noción o concepto de sujeto se refiere en el segundo capítulo.

Nos plantea preguntas interesantes a partir de las citas que nos presenta: por ejemplo, «¿Cómo es posible que el psicoanálisis sea un diálogo si el analista no dice nada?”.

En este segundo capítulo las diferencias entre los estilos de trabajo de Freud y Lacan serán más notorias, y lo serán todavía más hacia el final del texto. Y no sólo entre Freud y Lacan, también de Lacan en relación con él mismo.

En este segundo capítulo hablará sobre el manejo de la transferencia, de la cual debe estar alerta e informado el analista para no verse aplastado por esa ola que puede llevar a la interrupción del tratamiento, como en el caso Dora. Nos mostrará cómo en Freud la transferencia pasó de ser un obstáculo técnico a una herramienta del dispositivo.

Encontramos párrafos aclaradores, por ejemplo, en relación con la contratransferencia: «Y aquí ya podemos encontrar un quiebre. Freud no habló nunca de contratransferencia en sus textos publicados, solamente lo hizo en su correspondencia epistolar. El concepto de contratransferencia es un concepto creado por Freud, pero trabajado, extensa y fundamentalmente, por los postfreudianos y los kleinianos.»

Se agradece también el humor que encontramos por momentos: «Si Freud hubiera escuchado que la transferencia no es nada real en el sujeto, probablemente hubiera expulsado a Lacan del movimiento psicoanalítico.»

En estos primeros dos capítulos Juan Manuel se apoya de ejemplos provenientes de su práctica clínica, así como de aquellos de sus colegas, o de casos que ha escuchado. Está de más decir cómo estos ejemplos ayudan a digerir el texto.

Sorprende cómo es capaz de resumir en una hipótesis la idea de transferencia en los textos citados: «En el año 1951, la hipótesis podría resumirse en esta frase: Si hay transferencia, hay error. Lacan lo expondrá más adelante: la transferencia funciona como una forma de ver cómo vamos, como una brújula o un indicador.»

Tercer capítulo: La Res Analítica

Escrito utilizado: Variantes de la cura-tipo (1955). Al igual que los Escritos, el texto que hoy presentamos contiene numerosas críticas a los psicoanalistas y su práctica que podrían resumirse de la siguiente manera: Los psicoanalistas ignoran cómo funciona su dispositivo.

Pero antes de eso, Juan Manuel nos pone en escena lo que viene sucediendo con la práctica, coordinación y comprensión de los conceptos del psicoanálisis para entrar a discutir luego lo que sucede con la transferencia en particular.

Dentro de los temas que encontrarán, además de la transferencia, están qué es ser un psicoanalista, cómo se autoriza y reconoce uno, qué es lo psicoanalítico, qué define una práctica psicoanalítica.

Si nos preguntábamos el porqué de la transferencia como tema que organiza el texto, acá tenemos una respuesta: «Creo que lo que está proponiendo Lacan es que no hay ningún concepto que se acerque más a la cosa psicoanalítica que la transferencia. Es decir, cuando la pregunta sea cómo saber si esta práctica es psicoanalítica, la respuesta podrá ser: porque en ella se trabaja bajo transferencia.»

Otro de los temas que tocará Juan Manuel en su viaje y que igualmente ha generado grandes debates es el de análisis de niños y análisis de adultos mayores, ante lo que toma posición: eso «es una locura.» Otros temas en este tercer capítulo serán la infantilización del paciente neurótico y la detención del desarrollo, que intentan igualar niñez y neurosis; posturas y lugares comunes y repetidos en esa vulgarización del psicoanálisis. Nos deja en claro que niño ni adulto mayor no son conceptos psicoanalíticos.

Al final de este tercer capítulo recordé aquella sensación que tuve cuando escuché hace tiempo lo siguiente: los psicoanalistas no estamos a la altura del psicoanálisis. Lo desconocemos y sin embargo lo practicamos.

Juan Manuel Martínez durante el seminario que siguió a la presentación del libro: Lacan, el concepto de transferencia en los Escritos
Juan Manuel Martínez durante el seminario Desafíos clínicos: cómo intervenir en psicoanálisis

Cuarto capítulo: Preguntar con el sujeto

Escrito utilizado: La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud (1957). El diálogo con otras disciplinas también tiene lugar, por ejemplo, con la filosofía, donde se plantea la problemática del deseo para la filosofía natural. Por cierto, el deseo y su diferencia con la necesidad ocuparán varios párrafos en este cuarto capítulo. Se discutirán también cuestiones en relación con la diferencia, la repetición y su distinción de la insistencia. También la memoria y rememoración tendrán lugar.

Hacia el final de este capítulo Juan Manuel se encarga de poner de relieve las diferencias que existen entre los estilos de analizar desde un encuadre freudiano y uno lacaniano. O, en otras palabras, las diferencias de cómo se concibe el vínculo entre analista y analizante.

Quinto capítulo: La transferencia como clasificación

Escrito utilizado: La dirección de la cura y los principios de su poder (1958). En el capítulo cinco encontramos uno de los puntos más interesantes del texto. De entrada, se nos siguen planteando las diferencias entre Freud, cuyo ídolo era Darwin, según nos dice Juan Manuel, y Lacan, en relación con cómo construyeron sus marcos psicoanalíticos. Y ahí es donde plantea cosas curiosas: nos dice que Freud lo hizo desde la práctica y Lacan desde la teoría.

El psicoanalista argentino pone de relieve lo segundo, es decir Lacan y la teoría. Por ejemplo, dice, cuando nos enseñan que la teoría no sirve en el consultorio, es algo que hemos aprendido teóricamente. Que el analista debe despersonalizarse en el trabajo analítico, también es algo que aprendimos teóricamente. Dependerá del marco teórico y la forma de comprender y trabajar los conceptos psicoanalíticos cómo se intervendrá en la práctica, aunque esta exija, supuestamente, olvidar todo lo aprendido.

Las formas de concebir los conceptos determinarán también las maneras de pesar los éxitos del psicoanálisis: «¿A qué se ha reducido el éxito del tratamiento psicoanalítico? A cosas como éstas: que le paguen un poquito más, que ya no engañe a su mujer con la secretaria ¡Esos eran criterios de éxito! Yo recuerdo, durante mi formación, ver en los pasillos de la facultad a mis profesores psicoanalistas que fumaban como locos, y nosotros ingenuamente pensábamos: «Si es psicoanalista, ¿cómo va a fumar así?» En nuestra ingenuidad creíamos que cuando uno se analiza ya no hace cosas de ese tipo. También recuerdo haber tenido un profesor muy gordo, y recuerdo pensar: «¿Cómo puede ser que siendo psicoanalista sea así de gordo, no habrá analizado sus pulsiones orales?» Bueno, una estupidez total. Pero alcanzan a entender la idea, es como si el éxito psicoanalítico implicara algo sumamente concreto, como no fumar o no comer demás, como si uno terminara el análisis como un Buda.»

Sexto capítulo: Máscaras de la transferencia

Escrito utilizado: Posición del Inconsciente (1960). Este capítulo me recordó la primera vez que leí a Alfredo Eidelzstein: pone en jaque ideas del llamado psicoanálisis lacaniano que circulan y se repiten constantemente, y que muchos de nosotros hemos escuchado y hasta repetido en algún momento. Por ejemplo, cuando menciona la falacia milleriana del resto de cuerpo de goce. O aquella idea de lo real del cuerpo como referido al cuerpo biológico.

Nos invita a pensar esas ideas concebidas y sostenidas por mucho tiempo, expresadas durante seminarios, leídas en libros, incluso tal vez algunas de estas ideas se estén repitiendo en algún seminario en este momento. Llega incluso a calificarlas de extravagancias. Me parece que es el capítulo donde la crítica de Juan Manuel hacia los psicoanalistas y la manera de concebir el psicoanálisis alcanza su punto más elevado, donde la relevancia de la teoría alcanza también sus consecuencias más impresionantes. Por ejemplo, siguiendo la argumentación que hace sobre el significante, es comprensible llegar a un punto en el que podemos decir: “¡Somos nada!”

Y también encontramos el punto de mayor honestidad en Juan Manuel: dice que detesta la idea de resignificar. Resignificar, una de las ideas más comunes, repetidas, escritas, dichas, enseñadas y transmitidas en el psicoanálisis lacaniano. Estemos o no de acuerdo, lo importante será, como él mismo lo planteó antes, entender la problemática ahí propuesta. Dirá, de eso: «¡Qué propuesta tan vulgar! Ya mismo tengo que decirles que yo no apunto a cambiar el significado porque, para mí, no hay acceso al significado, no existe una relación entre significado y significante.» Y, «lo que pasó es, en realidad, significante, y puede cambiar su sentido como cualquier significante al ponerlo en relación con uno diferente. Entonces no es que el pasado se resignifique, es que el pasado cambia. Creo que la clínica se convierte en algo muchísimo más poderoso si la pensamos así.»

Entre otras cosas de suma importancia, revisará aquella idea de que el psicoanálisis no tiene que ver con la ciencia y nos deja en claro cómo desde el mismo Lacan puede leerse que no es así: el psicoanálisis apuesta a una formalización que pueda transmitir de qué se trata sin el necesario transitar por la experiencia.

Si tuviese que resumir o sintetizar la propuesta del libro, diría que nos invita a leer y releer a Lacan para dar cuenta de cuán erróneas y tramposas pueden resultar algunas propuestas psicoanalíticas y también algunos psicoanalistas que se dicen lacanianos. Si tiene o no razón Juan Manuel no es el punto en este momento, lo importante es entender los problemas que aquí nos plantea y su propuesta para resolverlos.

Bibliografía

Martínez, Juan Manuel, Lacan: El concepto de transferencia en los Escritos, 1ª ed. Mendoza, Argentina, 2018