El Nietzsche del 19 de mayo de 2017

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El Nietzsche del 19 de mayo de 2017. Una ambivalencia en mí. ¡Por qué Nietzsche tuvo que escribirlo así, pudiendo haberlo hecho de otra manera! Existen otros estilos que hemos leído en otros textos y que nos resultan maravillosos, contundentes, apasionados, demoledores. Más accesibles. Y aquí nos contradecimos, pues tampoco querríamos que cayera en una vulgarización su pensamiento, que, siendo demasiado accesible, cualquiera podría «apropiarse» del mismo. — ¿Y por qué no? — Alguien dijo que Nietzsche es el último filósofo del pueblo, que podía ser entendido por todos, pero no nos pidan la referencia ahora. Ante los discursos carentes de complejidades, demasiado fáciles y simples de leer, nos sentimos tomados por unos estúpidos y dejamos tales textos sin más. ¿Por qué dejamos entonces el Zaratustra si tiene la complejidad que queremos, si no es un texto fácil?

Lacan en Caracas en 1980.

La imagen circula en varios sitios, pero nosotros la tomamos específicamente de aquí: Cuando Lacan llegó a Venezuela y se encontró con sus lectores. El debate sigue dando qué pelear: que si Lacan escribió de manera «difícil» con toda la intención de que no se vulgarizara su obra, como sucedió con Freud; que si la lectura de sus Escritos es un mito que se ha creado alrededor de su figura, transmitido y favorecido por los freudolacanianos; que todo lo contrario: su enseñanza y textos son bastante accesibles y comprensibles; que el mismo Lacan «dijo» que no escribía para que lo entendieran, sino para que lo leyeran; etc.

Para una presentación de estos fragmentos, ver nuestra entrada Pre-textos a Zaratustra o dar click aquí.

«Escribir quiere decir injertar»

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— «Escribir quiere decir injertar» — Cada texto remite siempre a otros textos, se entrecruza continuamente con ellos, se injerta y a su vez se deja injertar generando así otros textos, que a su vez se injertan y son injertados: un proceso de significación plural en un despliegue de constantes reenvíos significantes. De forma que injertar los textos del montañista Reinhold Messner — nacido en Italia en 1944, «pionero de profesión», es autor de algunas decenas de libros en los que hace memoria, principalmente, de todas sus experiencias en la montaña. «La memoria es el componente esencial de la creación literaria». Todos sus logros destacan y la mayoría de ellos constituyeron «primeras», es decir, hazañas que nunca se había llevado a cabo. Las más conocidas son haber sido el primero en completar «los catorce ochomiles», esto es, haber ascendido a las catorce cumbres de más de ocho mil metros sobre el nivel del mar; por si esto fuera poco, también fue el primero en lograrlo sin la ayuda de oxígeno artificial. También fue el primero en escalar el Everest en solitario y sin oxígeno suplementario. Fue el primero el aplicar el estilo alpino en los «ochomiles»: un estilo de ascenso ligero y rápido en el que se carga solamente con lo necesario, a diferencia de las grandes expediciones que cargaban toneladas de equipo, alimento y personal. Lejos de las montañas destaca haber cruzado la Antártida sin apoyo. Ha abierto seis museos de montaña (Museos de la Montana Messner) e incluso fue miembro del Parlamento Europeo. Recibió el Piolet de Oro por sus hazañas y es considerado por muchos especialistas como el mejor alpinista de todos los tiempos. Una personalidad voraz, una ambición sin límites que lo llevó a plantearse objetivos creativos y a veces aparentemente imposibles, y consumarlos uno tras otro (www.desnivel.com) — en los textos de Friedrich Nietzsche no es una idea desquiciada, más bien es derridiana. No haría falta «justificar» por qué se injertaron ya que la escritura es precisamente eso: que un texto remita siempre a otro texto. Sin embargo, las significaciones producidas en un inicio por este cruce entre alpinista y filósofo perdieron fuerza. Las significaciones de las montañas messnerianas se vieron rebasadas por aquellas de las montañas nietzscheanas. Es decir, la explosión de significaciones e interpretaciones de las segundas se elevan sobre las primeras — al menos así nos parece por ahora —. En este sentido, la escritura nietzscheana tiene mayor injertividad que la escritura messneriana, es decir, remite y entrecruza en una medida mucho mayor con otros textos. Así, tomaremos los productos de esa escritura nietzscheana como la principal fuente de reflexión para la escritura de esta «tesis»; esto no descarta ni reduce el mérito en absoluto de los textos messnerianos ni la fuente de donde han «nacido»; bajo otras condiciones e intereses, sin duda serían la referencia principal de consulta.

Reinhold Messner y su vida en las montañas
(c) AFP Colaborador. El hombre que dejó su vida en las montañas.

La imagen la tomamos del siguiente enlace, un artículo reciente sobre este excepcional aventurero: Reinhold Messner: the man who left his life on the mountain.

Para leer algo más sobre este montañista en este blog, ir a la siguiente entrada: Sobre algunos tipos espirituales según Nietzsche.

Para una presentación de estos fragmentos, ver nuestra entrada Pre-textos a Zaratustra o dar click aquí.

Escritor, minero y dinamita

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Escritor, minero y dinamita. Si el escritor es un minero de sí mismo, entonces el túnel que va construyendo es un descenso hacia su interior. Es minero y túnel al mismo tiempo, sujeto y objeto de la acción. ¿Qué acción? La de explotarse y explorarse — por cierto, ¿no son los mineros los principales usuarios de la dinamita? Y si aquí el sujeto y la acción se confunden, junto con los instrumentos que intermedian dicha actividad, podríamos decir que el escritor no sólo es minero y túnel, también es dinamita —. ¿Dónde vive Zaratustra? En las montañas. Así solíamos responder. La caverna de Zaratustra sólo nos aparecía al inicio del Prólogo cuando se dirige al gran astro — «Durante diez años te elevaste hasta mi caverna» — y no tiene mayor relevancia hasta la cuarta parte — que por cierto no formaba parte del diseño inicial de la obra — en la que Zaratustra invita a visitarla a todos los «hombres superiores» con los que se encuentra en el camino. Zaratustra se sabe minero de sí mismo, escritor de su historia, extractor de sus secretos, de sus tesoros. No es casual que los valores sean uno de los temas predilectos de su enseñanza. Asciende a las montañas más altas para descender a lo más profundo de sí — «Por eso debo ascender hasta lo profundo» —, asciende para alejarse de los hombres y para aprender a amarse a sí mismo. Asciende hacia lo profundo en busca de los materiales más preciosos y raros — existentes humanos excepcionales — para ofrecerlos a los hombres. El escritor encuentra los tesoros más valiosos en su «caverna» — «La memoria es el componente esencial de la creación literaria» —. Por eso Zaratustra enseñaba lo siguiente en su discurso Del espíritu de la pesadez: «Lo propio es lo que mejor guarda uno; y el propio tesoro es siempre, de todos los tesoros, el que se desentierra en último lugar, — así actúa el espíritu de la pesadez». La gran decepción de Zaratustra ocurre cuando regresa a su cueva y se da cuenta de que sus invitados no son capaces de desenterrar sus propios tesoros: sus invitados no son mineros de sí mismos sino adoradores de ídolos que no han matado al idólatra que hay en ellos. Seguramente alguna vez hemos escuchado decir que la dinamita no explota en manos de tontos. ¿Quieres desenterrar un gran tesoro? ¿Quieres explotar? Escribe, pero recuerda Del leer y escribir que «de todo lo escrito yo amo sólo aquello que alguien escribe con su sangre».

La biografía más reciente de Nietzsche en español.
¡Soy dinamita!

¡Soy dinamita! de Sue Prideaux es la biografía más reciente — publicada en español — sobre una de las vidas de Nietzsche.

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