El peso más pesado

6.

El peso más pesado. No, no es el pensamiento del eterno retorno. Si tuviese que pensarlo en tus términos, Zaratustra, diría que mi mayor peso es el Yo. — Oye, pero nos has anticipado que estos trabajos tratarán sobre lo que has pasado, lo que has vivido, digamos que estás centrado Ti. ¿No te parece algo, o bastante, narcisista la tarea que propones? — Es que no se entiende entonces o no soy lo suficientemente claro: es porque siempre nos desconocemos en eso que hemos escrito, hay una especie de vergüenza y disgusto, rara vez de sorpresa y agrado. No, todavía no podemos decir como Zaratustra: «Este es mi gusto, no un buen gusto ni un mal gusto, pero es mi gusto y no me avergüenzo de él». Todavía no. Y no sabemos si lo lograremos. Entiéndase — eso que tratamos también de entender nosotros — que nuestro mayor peso hemos sido nosotros mismos. Ahora entendemos por qué escribimos en plural, por qué hablamos por muchos, no sólo es un intento o ejercicio de humildad o modestia — si se quiere ver así —, sino porque somos capaces de escuchar múltiples voces, pero ese Yo es demasiado fuerte y acaba por imponerse. ¡Y además es un engaño! ¿Dónde está ese supuesto Yo cuando volvemos a nuestros textos? ¿Qué es este Yo actual que se avergüenza o enaltece — las menos de las veces — de sus palabras pasadas? ¿Quién era ese Yo que escribía con esos ímpetus, seguridades y dudas hace meses? ¿Qué será de este Yo en unos meses? Sobre todo, qué será de esta «tesis» de aquí hasta el momento que la presentemos: ¿querremos volver a reescribirla, reinterpretarla para reafirmarla traicionándola? ¿Es eso Zaratustra? Una recurrente traición para afirmar el engaño que somos — el engaño que nos constituye, dirían los lacanianos —. Y sin embargo «todo» allá afuera apuesta por robustecer y darle consistencia a esto, desconociendo dicha mentira. ¿Y a nosotros de qué nos ha servido vivirlo? Sólo nos atormenta más — que no es lo mismo que decir que nos atormentamos, en una especie de masoquismo exacerbado —. Yo, el más negro de los abismos, acaso el más profundo: todas las voces caen dentro de él, todo lo absorbe, recorta, somete y asimila. Quiere reinar sobre todo lo demás. Es un contenedor, por lo menos en dos sentidos, contiene lo múltiple, pero también nos contiene de explotar y multiplicarnos. Quisiéramos que de una vez por todas explotara — sí, aquí nos tienen como decadentes y predicadores de la muerte, pero también de la vida —, suponiendo la posibilidad de una anhelada ligereza. — Ah, así que quieres que explote tu Yo. ¿Y cuéntame, qué harás entonces? Vas a quedar loco —. Sí, nos han sorprendido nuevamente, ambas vías, el suicidio y la locura siempre nos han parecido seductoras. En algún momento nos preguntamos por qué Nietzsche no se suicidó — Pero «enloqueció», que para el caso es (casi) lo mismo —. ¿Tú crees? ¿Qué será eso que pasa en esta supuesta «salud» y «normalidad» que entonces la demencia y la muerte nos parecen tan atractivas? ¿Por qué Nietzsche no se suicidó? Él sabía de eso y esto: «La idea del suicidio es un potente medio de consuelo: con ella podemos superar más de una mala noche». — Tú lo has dicho, porque en Nietzsche no sólo había eso —. Quizá existan otras formas de explotar y multiplicarnos que no necesariamente tengan que pasar por la locura o el suicidio.

El caballo de Béla Tarr, o el caballo de Nietzsche, o el caballo de Turín.
El caballo de Turín de Béla Tarr.

«El Caballo de Turín tiene su punto de partida en una anécdota que se cuenta de Friedrich Nietzsche: la vez que presa de un colapso nervioso se abraza llorando al cuello de un caballo que está siendo maltratado por su cochero, sumiéndose a partir de entonces en el más absoluto mutismo». Continuar leyendo aquí.

Para leer algo más, en particular sobre la anécdota que tuvo lugar en la plaza Carlo Alberto, recomendamos el siguiente enlace: El colapso de Nietzsche: 3 de enero de 1889.

Para una presentación de estos fragmentos, ver nuestra entrada Pre-textos a Zaratustra o dar click aquí.

El colapso de Nietzsche: 3 de enero de 1889

De acuerdo con la Cronología presentada en los Fragmentos Póstumos IV (Nietzsche, 2008) el día 3 de enero de 1889 colapsa Friedrich Nietzsche, y a partir de entonces y hasta el día 7 redacta las «misivas de la locura» a sus principales amigos firmándolas como El Crucificado o como Dioniso. Sin embargo, en Correspondencia VI (Nietzsche, 2012), vemos que Nietzsche ya había firmado previamente como El Anticristo, en una carta dirigida a Cosima Wagner del (aprox.) 25 de diciembre de 1888, o como Nietzsche Dioniso o simplemente Dioniso en algunas cartas del 1 de enero de 1889.

El caballo y el loco de Turín
Piazza Carlo Alberto, Torino, Italia

Sabemos que tal acontecimiento tuvo lugar en Turín, ciudad de la cual se expresó de la siguiente manera:

“Es una ciudad en sintonía con mi corazón. Incluso es la única. Tranquila, casi solemne. Tierra clásica para los pies y los ojos (por un adoquinado soberbio y un tono de color amarillo y entre rojo y marrón, en el que todo se unifica). Un soplo de buen siglo XVIII. Palacios, que nos hablan para que meditemos: no fortalezas del Renacimiento. ¡Y que en medio de la ciudad uno vea los Alpes nevados!” ¡Que parezca que las calles se dirijan en línea recta hacia ellos! El aire, seco, de sublime claridad. Nunca pensé que la luz pudiera hacer tan hermosa una ciudad.” (Nietzsche, 2012, pág. 148).

Desafortunadamente, en ese mismo lugar, la “potente escritura nietzscheana” se paralizó para siempre (Nietzsche, 2008, pág. 31).

En el Cuadro cronológico que presenta Andrés Sánchez Pascual en Ecce Homo (Nietzsche, 2005), también coloca el día 3 de enero de 1889 como la fecha del colapso, y añade que tuvo lugar en la Piaza Carlo Alberto. Sobre esta plaza en relación con Nietzsche encontramos en Wikipedia: “En el edificio en la esquina de la plaza y Vía Carlo Alberto, en el lado hacia Vía Po, vivió entre 1888 y 1889, en una habitación en el tercer piso, Friedrich Nietzsche, donde escribió sus obras El Anticristo, El Crepúsculo de ídolos y Ecce Homo; Una placa colocada por el municipio recuerda su estancia en la ciudad.” (Wikipedia, 2018)

Siguiendo la Cronología de los Fragmentos… será en esa habitación donde Franz Overbeck, gran amigo de Nietzsche, lo encuentre el día 8 de enero después de haber recibido el día anterior la «misiva de la locura» que le había enviado. Overbeck ya había sido alertado por Jacob Burckhardt sobre la gravedad de la situación antes de que se lanzara a buscar a Nietzsche. Así, el día «9 de enero: Overbeck lleva a su amigo a Basilea” y el «día 10 de enero: Nietzsche ingresa en una clínica psiquiátrica de la ciudad en la que había sido catedrático de filología griega.» (Nietzsche, 2008, pág. 42).

Sánchez Pascual presenta lo posterior al colapso de la siguiente manera: “Del 3 al 7 de enero, cartas y postales a diversos amigos, manifestativas de su demencia. El 8 llega a Turín su amigo Overbeck para hacerse cargo del enfermo, a quien lleva a Basilea; ingresa en una clínica de nervios. Diagnóstico: «parálisis progresiva». La madre lo recoge y lo lleva consigo a Jena, el 17 de enero, y aquí ingresa en la Clínica Psiquiátrica de la Universidad (Prof. Biswagner).” (Nietzsche, 2005, págs. 172-173)

Han pasado 120 años desde que Friedrich Nietzsche colapsó. Por esto y por el lugar donde sucedió se le conoce también como “el loco de Turín”. No contamos por le momento con el cuarto volumen de las Obras completas, Escritos de Madurez II (Nietzsche, 2016), que es el correspondiente cronológico a los Fragmentos Póstumos IV y Correspondencia VI que mencionamos, pero en estos últimos no hemos encontrado referencia o mención por parte de los editores o traductores al famoso caballo que Nietzsche supuestamente habría abrazado y a partir de ese momento habría enloquecido. Por cierto que existe una película que alude a tal episodio (Tarr, 2011) y ficcionaliza lo que sucedió con el caballo (Argullol, 2012) después de ese supuesto encuentro con Nietzsche.

Nietzsche muere el 25 de agosto de 1900, poco más de diez años después de su colapso y de estar al cuidado de su madre y hermana Elisabeth. Para finalizar citamos las primeras líneas de Nietzsche según la edición de los Fragmentos Póstumos IV, que no dejan de sorprender por su íntima relación con lo sucedido: “En realidad, debería tener a mi alrededor un círculo de personas profundas y tiernas que me protegieran algo de mí mismo y que también supieran alegrarme: porque para alguien que piensa cosas como las que yo tengo que pensar, el peligro de destruirse a sí mismo está siempre muy cerca.” (Nietzsche, 2008, pág. 43)

Referencias

Argullol, R. (7 de Abril de 2012). Nietzsche y el caballo. Obtenido de https://elpais.com/cultura/2012/04/04/actualidad/1333533760_793957.html.

Nietzsche, F. (2005). Ecce Homo. Madrid: Alianza.

Nietzsche, F. (2008). Fragmentos Póstumos IV (1885-1889). Madrid: Tecnos.

Nietzsche, F. (2012). Correspondencia VI (Octubre 1887 – Enero 1889). Madrid: Trotta.

Nietzsche, F. (2016). Obras Completas IV. Escritos de Madurez II. Madrid: Tecnos.

Tarr, B. (Dirección). (2011). The Turin horse [Película].

Wikipedia. (2018). Piazza Carlo Alberto (Turín). Obtenido de https://it.wikipedia.org/wiki/Piazza_Carlo_Alberto_(Torino).